Manchester. Con una tormenta de nieve a punto de caer, los candidatos presidenciales se mueven a través de New Hampshire (NH), aumentando los niveles de ataques provocadores uno contra el otro, mientras buscaban a los votantes para reforzar su apoyo en las elecciones primarias.

El empresario de Nueva York, Donald Trump, tenía una ventaja considerable dentro de la carrera republicana y parecía ganar su primer contienda de la campaña, pero terminó con el segundo lugar en Iowa, hace una semana. Pero detrás de Trump, otros cinco candidatos libraban una feroz batalla para acabar en los tan codiciados primeros lugares y con ello, el derecho a presumir los recursos que podrían ayudar considerablemente en las primarias de Carolina del Sur.

En la carrera demócrata, el senador Bernie Sanders se mantenía dos dígitos por debajo de la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton. Después de ganar por un estrecho margen en Iowa, Clinton, alguna vez la candidata preferida, se prepara para la derrota en New Hampshire, con la esperanza de que el daño no se extienda a los próximos estados, en donde por mucho tiempo ha sido dominante.

Por su parte, Sanders está capitalizando el hecho de que ganará el estado vecino de New Hampshire, Vermont, impulsando su campaña más al descontento generalizado con el sistema político de muchos liberales y el entusiasmo de los votantes jóvenes por una promesa de una revolución política .

En los restaurantes, en las fábricas y en las grandes concentraciones, los candidatos se encontraron con los votantes, uno tras otro. New Hampshire es un estado donde los votantes han sorprendido en los últimos momentos de las primarias presidenciales del pasado.

Trump espera conseguir su primera victoria en las inminentes primarias de New Hampshire, mientras que otros aspirantes republicanos, como Jeb Bush, afirmaron que sus campañas seguirán adelante pase lo que pase hoy.

La demócrata Hillary Clinton, que afronta en el estado una campaña difícil contra Bernie Sanders, viajó a Michigan.

Después de que la intensa carrera a la Casa Blanca pareciera bajar el ritmo el domingo, es fácil olvidar que estas primarias podrían ser un punto de inflexión para varias campañas rezagadas.

El aspirante republicano Marco Rubio sigue restando importancia a su poco elocuente aparición en el debate republicano del sábado, al tiempo que refiere a la tendencia al alza de su campaña tras terminar tercero en las asambleas partidarias de Iowa.

En el lado demócrata, el favorito de New Hampshire, Bernie Sanders, y Clinton evitaban hacer predicciones de cara al martes y miraban más allá, a South Carolina y Nevada, los dos siguientes estados en pronunciarse en las primarias.

Pero mientras algunos candidatos se esfuerzan por conectar con los votantes, respondiendo a preguntas y después se sientan en su mesa, Trump pasó menos de cinco minutos en torno al restaurante, saludando a los clientes y estrechando manos antes de sentarse para desayunar.

Para los gobernadores republicanos Chris Christie, John Kasich y Bush, la tarea es asegurarse de que su último alegato en el estado no es el último que hacen.

Christie, gobernador de New Jersey, intentó sacar partido de sus ataques en el debate contra Rubio, un senador en su primer mandato al que acusó de no estar preparado para la presidencia, pero también puso la mira en los otros gobernadores en lista, ya que luchan por muchos de los mismos votantes, en su esfuerzo por seguir siendo relevantes después del martes.

Por ahora, los gobernadores han tenido problemas para frenar el auge de Rubio como alternativa a Trump y Ted Cruz. Cruz, senador por Texas, ganó en Iowa y ya tiene la vista puesta más allá de New Hampshire, en una serie de primarias sureñas con un electorado más conservador.

En cuando a los demócratas, Hillary Clinton se tomó un respiro de la campaña en New Hampshire e hizo una visita a Flint, Michigan, que sigue sufriendo los efectos de la contaminación con plomo en su agua del grifo.