Londres. Los líderes de la Comisión Europea y los jefes de Gobierno de los estados miembros recibieron con una mezcla de pena y alivio el resultado de las elecciones británicas. Aunque acaba con la posibilidad de un nuevo referéndum que hubiera permitido a Reino Unido seguir en la UE, también facilita implementar el acuerdo alcanzado en octubre con Boris Johnson para ejecutar el Brexit, impidiendo una ruptura brusca el 31 de enero del 2020.

La mayoría del Partido Conservador de Boris Johnson se traducirá en la aprobación en las próximas semanas de la ley de salida de la UE, y el Parlamento europeo también deberá ratificar el pacto de separación.

Pero a partir de ahí empieza una tarea más ardua. El acuerdo de salida sólo resuelve los temas más urgentes, como el tratamiento de la frontera irlandesa, la factura que Londres debe pagar antes de irse, y el respeto migratorio de los europeos en Reino Unido y viceversa.

Agenda abultada

Pero queda por discutir un nuevo gran tratado que defina las relaciones futuras entre las dos partes en un amplio número de asuntos: flujos comerciales, intercambio de servicios, conectividad aérea, acceso de las flotas pesqueras a las aguas de una y otra parte, movimiento de trabajadores y turistas y coordinación en seguridad, entre otros.

El pacto actual sólo deja un plazo de 11 meses para resolver todas estas cuestiones, periodo en el que las dos partes mantendrán el mutuo acceso libre. Luego, Reino Unido abandonará el 31 de diciembre del 2020 el mercado común y la unión aduanera, fecha que podría retrasarse de común acuerdo por dos años. Pero Johnson ha prometido en la campaña electoral que el plazo de implementación no se extenderá, lo que mete una enorme presión a los negociadores de ambas partes. El pacto señala que el potencial aplazamiento debe ser autorizado antes del 30 de junio del 2020.