Bogotá. El poderoso Álvaro Uribe engrosa ahora la fila de exmandatarios latinoamericanos enredados con la justicia. En Colombia, su arresto domiciliario golpea sobre todo a su delfín, el presidente Iván Duque, cuando intenta levantar a un país en crisis por la pandemia.

La Corte Suprema agitó el mundo político con la decisión de ordenar la casa por cárcel contra el también senador y jefe natural del partido en el poder, Centro Democrático, mientras lo investiga y decide si lo llama a juicio por manipular testigos contra un legislador de oposición.

Durante el arresto domiciliario en su hacienda El Ubérrimo, en el norte del país, el expresidente se practicó una prueba de Covid-19 y dio positivo.

Duque “queda muy presionado porque ya tenía un incendio en lo económico y social (por la pandemia), y ahora puede tener un incendio político y podría hasta tener un incendio institucional”, opina el politólogo Álvaro Forero.

Aparte del lío que supone el arresto de Uribe, quien aglutina a la frágil coalición de gobierno en el Congreso, Duque soporta desde ahora la presión de su partido, tras ser blanco de sus críticos por convertirse en “defensor de oficio” de su mentor y abstenerse de referirse a un proceso judicial.

Ayer, el partido de Uribe planteó reformar la justicia a través de una asamblea constituyente, es decir, cambiar la Constitución de 1991 para “aliviar” el peso de Uribe, según la senadora Paloma Valencia.