Zeitoun, Franja de Gaza.— Fuerzas de seguridad israelíes mataron el pasado lunes a 58 palestinos en la cerca fronteriza con Gaza, un nivel de derramamiento de sangre no visto desde los días más violentos de la guerra de Israel en el 2014.

El número de muertos duplicó al que hubo durante las seis semanas anteriores en las que hubo manifestaciones conocidas como la Marcha del Retorno, y se produjo el mismo día en que Estados Unidos abrió su Embajada en Jerusalén.

A 80 kilómetros donde ocurría la matanza, funcionarios de la administración Trump celebraban con israelíes la apertura de la Embajada. En los discursos se escucharon elogios hacia la paz.

“Mover la Embajada de Estados Unidos”, declaró el subsecretario de Estado, John Sullivan , es “un paso hacia el avance de la paz”.

El propio presidente Trump, en un mensaje videograbado, se comprometió a lograr un “acuerdo de paz duradero”.

Quien también pronunció la palabra “paz” fue el yerno del presidente y uno de los más interesados por la apertura de la Embajada. “La paz está a nuestro alcance”, mencionó Jared Kushner.

Por su parte, el primer ministro Benjamin Netanyahu no podía no mencionar algo similar. Hoy “es un gran día para la paz”.

La palabra “paz” no dice nada cuando hay 58 palestinos asesinados, 2,700 heridos, renovadas hostilidades entre Irán e Israel, toda la región en llamas y los aliados de Estados Unidos tambaleándose.

Kushner recordó a los presentes que él desempeña la importante tarea de llevar a cabo “los esfuerzos para traer la paz”.

Sin embargo, no desaprovechó la oportunidad para criticar a los palestinos: “Como hemos visto en las protestas del último mes e incluso hoy, los que provocan la violencia son parte del problema y no parte de la solución”.

Para reforzar lo dicho por Kushner, “la responsabilidad de estas muertes trágicas recae directamente sobre Hamás”, dijo a periodistas el subsecretario de prensa de la Casa Blanca, Raj Shah. “Israel tiene derecho a defenderse”.

En Gaza, Hamás ha dado su respaldo a las manifestaciones que han galvanizado a la gente en torno a un llamado para protestar por la pérdida de hogares y aldeas palestinas cuando se formó Israel, en 1948.

La mudanza de la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén desde Tel Aviv podría haber sido un momento de unidad y hermandad. En cambio, como con casi todo lo que toca Trump, se convirtió en un símbolo de división y amargura. Podría haber sido la culminación de un acuerdo de paz, como las administraciones republicanas y demócratas habían esperado. En su lugar, prácticamente desvaneció la esperanza de una solución de dos estados.

Europa se ausenta de la fiesta, y los invitados “de lujo”

La mayoría de los aliados europeos no asistieron al evento de la Embajada estadounidense. Y sólo 14 miembros del Congreso estadounidense estuvieron presentes durante la celebración, todos ellos republicanos.

Los republicanos regañaron a los demócratas por su ausencia; los demócratas dijeron que no fueron invitados. “Me hubiera encantado haber participado en esta histórica y conmovedora dedicación de la Embajada”, dijo en un comunicado el representante demócrata Ted Deutch, quien apoyó la medida de Trump.

Robert Jeffress, el pastor que pronunció la oración durante la apertura de la Embajada, dijo hace ocho años en una entrevista que tanto el Islam como los mormones son “herejes del infierno” y que los judíos están destinados a ese mismo destino. “No se puede salvar siendo judío”.

John Hagee es un líder cristiano evangélico que se encargó de la oración final. Es conocido, entre otras cosas, por haber dicho una frase que quedará grabada en la historia: Dios permitió que ocurriera el Holocausto (en el que murieron 6 millones de judíos), “porque Dios dijo que su principal prioridad para el pueblo judío es hacer que vuelvan a la tierra de Israel”.

Quien también estuvo presente fue el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. El año pasado hizo público su apoyo a Trump frente al caso de Charlottesville, cuando el presidente dijo que había “gente muy buena” entre los neonazis que marchaban.

El rabino Yitzhak Yosef bendijo a Kushner e Ivanka durante la recepción. Hace poco, el rabino comparó a los negros con los monos y propuso bendecir sólo a “una persona con un padre y una madre blancos”.

El evento tuvo tintes de una campaña electoral y no tanto de diplomacia. David Friedman, embajador de Estados Unidos en Israel, elogió “la visión, el coraje y la calidad moral de una persona a la que debemos una enorme y eterna deuda de gratitud, el presidente Donald J. Trump”.

¡Calidad moral! Y eso no es todo. También dijo: “Creo que el presidente Lincoln estará sonriendo el día de hoy cuando otro gran republicano, Donald J. Trump, abre nuestra Embajada”.

Kushner recibió aplausos al recordar a la multitud congregada la decisión de Trump de “salir del peligroso, defectuoso y unilateral acuerdo con Irán”.

Fueron 800 los invitados a la fiesta de apertura de la Embajada en Jerusalén. Todo era felicidad, todos los mensajes eran optimistas hacia una paz; sin embargo, la realidad es otra. Los casi 60 muertos imposibilitan describir al entorno como una zona en la que habrá paz gracias a la mediación de Jared Kushner.

No, así no será posible.

Donald Trump está trastocando una de las zonas de mayor conflicto desde hace 70 años.

En Europa, sólo el presidente Macron fue crítico en la actuación de las fuerzas de seguridad israelíes. Pero Europa está dividida. Veremos qué sucederá.