Nueva York. Frustrado con su problemática candidatura, Donald Trump ha puesto sus esperanzas presidenciales en una apuesta arriesgada: que el estilo despreocupado y el populismo ardoroso con el que ganó la nominación republicana le dé una mejor oportunidad de llegar a la Casa Blanca que unir a su partido y hacer campaña ante votantes moderados.

Trump destacó el miércoles esa convicción con una reestructuración de personal en los niveles más altos de su oficina de campaña, la segunda vez que realiza cambios en los últimos dos meses. El candidato presidencial republicano eligió a Stephen Bannon un combativo ejecutivo de medios conservador sin experiencia en campañas presidenciales para que sea su director general de campaña.

La encuestadora Kellyanne Conway, quien conoce a Trump desde hace muchos años y que ganó su confianza durante el breve lapso que trabajó con el empresario, será su gerente de campaña.

Los movimientos buscan en parte marginar al presidente de campaña Paul Manafort, un operador republicano de larga trayectoria que presionó a Trump para que moderara su tono y mejorara relaciones con funcionarios republicanos escépticos a su candidatura. Al romper con esa estrategia, parece que Trump está decidido a terminar la contienda en sus propios términos, gane o pierda.

Además, el trabajo previo de Manafort para un partido político ucraniano prorruso se ha convertido en un potencial pasivo para Trump. Aunque Manafort conserva su cargo, los aliados de Trump dejaron en claro que Bannon estará supervisando operaciones y personal de campaña.

Rara vez las campañas presidenciales pasan por este nivel de turbulencia en este punto de la elección general. Los anuncios del miércoles ocurren a menos de tres meses de que Trump se mida con la candidata demócrata Hillary Clinton el día de elecciones, y aproximadamente seis semanas antes del inicio de las votaciones adelantadas.

Conway minimizó la noción de discrepancia interna en la oficina de campaña en la Torre Trump, y dijo a la AP que los cambios de personal son una expansión en un momento crucial en la recta final .

Luego de la sacudida organizacional, Trump pasó el día en Nueva York rodeado de personal de alto rango, incluyendo las nuevas contrataciones. Convocó a una mesa redonda sobre seguridad a la que asistieron aliados, entre quienes estuvo el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, y recibió su primera sesión informativa sobre seguridad nacional clasificada en la oficina de campo del FBI en el bajo Manhattan.

La posición de Trump en la contienda presidencial se ha desplomado ante Clinton durante los últimos meses, según las encuestas.

Paul Manafort

Jefe de campaña ayudó a partido ucraniano prorruso

El jefe de campaña de Donald Trump ayudó a un partido prorruso de Ucrania a enviar clandestinamente por lo menos 2.2 millones de dólares en pagos a dos firmas de cabildeo político de Washington en el 2012, y lo hizo de manera tal que ocultó los intentos de ese partido extranjero de influenciar la política estadounidense.

La revelación, suministrada a The Associated Press por fuentes familiarizadas con las gestiones, surge en momentos en que Trump ha enfrentado duras críticas por su actitud amistosa hacia el presidente ruso Vladimir Putin. Además arroja luz sobre las prácticas de negocios de su jefe de campaña, Paul Manafort.

De acuerdo con la ley en Estados Unidos, los cabilderos políticos deben declarar públicamente si representan a líderes o agrupaciones extranjeros, y deben entregar reportes detallados de sus actividades al Departamento de Justicia. Violar esa norma es considerado un delito grave que acarrea un máximo de cinco años de cárcel y una multa de hasta 250,000 dólares.