Berlín. El acuerdo de la canciller Angela Merkel para salvar su gobierno, que prevé la expulsión de migrantes que lleguen a Alemania, provocó críticas en Europa.

Ante la presión del ala más derechista de su coalición gubernamental que amenazaba con cerrarle la puerta, Merkel aceptó, de hecho, acabar definitivamente con su generosa política migratoria iniciada en el 2015, cuando su país recibió 1.2 millones de solicitantes de asilo.

El acuerdo in extremis alcanzado el lunes en la noche entre su partido de centro derecha y el muy conservador partido bávaro CSU prevé la instalación de “centros de tránsito” en la frontera entre Alemania y Austria para colocar a aquellos solicitantes de asilo que ya fueron registrados en otro país de Europa.

Viena acusó el martes a Berlín de no haberlos tomado en cuenta. “En ningún momento fuimos consultados”, se quejó en Luxemburgo la jefa de la diplomacia austriaca, Karin Kneissl, según declaraciones citadas por la prensa de su país.

Si el gobierno alemán valida el compromiso alcanzado, “estaremos obligados a tomar medidas para evitar desventajas para Austria y su población”, explicó el gobierno austriaco en un comunicado.

Efecto dominó

El acuerdo concierne en promedio a una cuarta parte de los solicitantes de asilo, que pueden ser expulsados en el marco de acuerdos bilaterales. Durante los primeros cinco meses del 2018, su número aumentó a unos 18,000 sobre un total de casi 69,000 solicitantes de asilo que llegó al país, según las estadísticas oficiales.

La medida también contempla que serán devueltos al país de la Unión Europea por el que ingresaron en el marco de acuerdos bilaterales y en los casos que no hayan acuerdos posibles serán expulsados a Austria que es por donde suelen llegar a Alemania.

Con el fin de intentar acercar posiciones con Viena, el ministro del Interior alemán, el conservador Horst Seehofer, anunció el martes que visitará “lo antes posible” al canciller austriaco, Sebastian Kurz.

Italia, principal país de ingreso de los migrantes a Europa a través del mar Mediterráneo tampoco quiere quedarse de brazos cruzados. “Si Austria quiere fijar controles, tiene todo el derecho. Nosotros haremos lo mismo”, advirtió el ministro italiano del Interior, Matteo Salvini.