Tokio. El presidente Trump voló más de 14 horas y cruzó 13 husos horarios para aterrizar en Japón.

En su visita de cuatro días al país asiático, Trump disfrutó del golf y de las hamburguesas con queso (con carne de res estadounidense), participó en un intercambio de regalos con el rey, asistió a un torneo de sumo y respondió preguntas de los medios de comunicación en el dorado Palacio Akasaka.

El buen ánimo diplomático que se encontró en Japón parecía que terminaría justo cuando Trump disparó un tuit con el que socavó a su asesor de Seguridad Nacional (Bolton), se alineó con un brutal dictador (Kim Jong-un) y atacó a un rival demócrata (Biden).

Durante sus cuatro días en el extranjero, Trump tuiteó sobre deportes (Indianapolis 500), cultura (actor Jussie Smollett) y, por supuesto, sobre política. Parecía que sus intereses no estaban en Japón.

Jeff Kingston, profesor de la Universidad de Temple en Tokio, dijo que Abe debe estar complacido con la cumbre, ya que envió “un fuerte mensaje de solidaridad” a Beijing y Pyongyang.

“Trump fue deleitado como si fuera un monarca; para algunos, hubo adulación excesiva recompensada con buenas vibras hacia Abe que las puede explotar bien a nivel nacional y regional”, dijo.

Para los funcionarios japoneses, uno de los objetivos principales del viaje de Trump era fortalecer la relación entre los dos países. Abe es un estudioso de Trump; entendiendo, entre otras cosas, que es más probable que influya en el presidente cuando está físicamente a su lado.

Trump y Abe anunciaron que juntos desarrollarán un proyecto espacial: “Iremos a la Luna”, dijo Trump. Juntos asistieron a un evento con familiares de japoneses secuestrados por Corea del Norte. Abe obtuvo lo que quiso.