Madrid. La investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno depende de un acuerdo con Unidas Podemos que, de momento, sigue sin llegar.

Perplejidad y críticas generalizadas ante un discurso en el que las alusiones a Cataluña han sido prácticamente inexistentes.

Hasta el jueves hay tiempo, pero la falta de avances entre PSOE y Unidas Podemos para armar un gobierno de coalición ha vuelto acercar el fantasma de una repetición de las elecciones generales en noviembre. Pedro Sánchez necesita el voto favorable o la abstención del partido morado para aspirar a revalidar su cargo en segunda vuelta (en primera es prácticamente imposible), en la que, además, precisaría el respaldo o la abstención de las fuerzas nacionalistas e independentistas.

En este escenario, Sánchez pronunció un discurso más propio de un candidato que cuenta con mayoría suficiente para revalidar su mandato que el de alguien necesitado de múltiples apoyos para lograrlo y que ha provocado la perplejidad y las críticas de buena parte del hemiciclo.

En una intervención más técnica que política, en la que ha desgranado el documento programático del PSOE si consigue mantenerse en la Moncloa, Sánchez sólo ha aludido a sus negociaciones con Podemos al final de sus dos largas horas intervención y sólo para confirmar que “estamos comprobando que alcanzar un punto de acuerdo no es fácil, aunque nada que merezca la pena es fácil”, ha señalado el candidato socialista ante un Pablo Iglesias con gesto adusto y que, al igual que el resto de la bancada morada, apenas ha aplaudido al líder del PSOE más allá de sus referencias a la defensa de la igualdad de género y la lucha contra la violencia doméstica.

Tampoco se entiende que entre los seis grandes retos que el presidente ha considerado tareas prioritarias, Sánchez apenas haya hecho menciones a la crisis de Cataluña.