El directivo tradicional no cabe en el ecosistema que está creando el mundo digital. Así de simple. Tito Calvo, consultor internacional en innovación, junta las manos y suelta esta afirmación con una sonrisa. Tampoco lo tendrá todo aquel que “no tenga actitud”, dice. 

Calvo es partner advisor de Sngular, una consultora en el área tecnologías de la información y la transformación digital. Este jueves estuvo en el 53º Congreso Internacional de Recursos Humanos, organizado por la Asociación Mexicana en Dirección de Recursos Humanos (Amedhir). 

La conferencia que impartió llevaba el título Bienvenidos a la era cognitiva: el talento como factor clave en la transformación digital. Porque para emprender cualquier cambio tecnológico “necesitas agentes de cambio. ¿Por dónde empezar? Por las personas”, cuestiona y responde en entrevista para Factor Capital Humano. 

Cambio de horario

Podría pensarse que cuando Tito Calvo llega a una empresa para desarrollar su potencial digital, pide comprar nuevo equipo, adquirir el último programa o aplicación del mercado. Pero no. Lo que hace es “cambiar el horario de trabajo, porque eso tiene un impacto directo en las personas”.

Si salían a las 8 de la noche, recorre horarios, hace ajustes a las horas de la comida, para que a las 5 de la tarde cada quien vaya para sus casas “o a donde le pegue la gana”. Que nadie se quede más tiempo y que el que inviertan en la oficina sea eficaz. 

Procesos, salarios, metodologías, le dan igual, cuenta en una sala del Centro CitiBanamex. “Lo importante es generar cambios en las personas. Una vez que tengas ese núcleo duro puedes ir a donde quieras, el cielo es el límite”. 

Perdiendo poder

El consultor en proyectos de comercio electrónico se ha dado cuenta que aquellos que se adaptan al cambio no son siempre los jóvenes. “No tiene que ver con la edad, sino con una cuestión de actitud”, apunta.

Aunque sí ha visto que entre los empleados y los directivos, a quienes les cuesta más afrontar las transformaciones que les propone este estratega de nuevos negocios. “El directivo piensa que le estás quitando su terreno y su poder” al plantearle nuevas formas de trabajo con los colaboradores. 

Tito Calvo pone un ejemplo. Un chavo en las oficinas de WeWork en Montes Urales, tumbado en un sofá en la zona de descanso pulsando su teléfono. “Si lo miras con el prisma de la empresa tradicional será ‘está perdiendo el tiempo y encima está viendo porno en el móvil’”. 

En cambio, señala, “yo veo a un community manager que ha estado dos horas en junta, que está destinando cinco minutos de su tiempo para descansar. Se lo merece. Y entre que está descansando, contesta los mensajes de Facebook y respondiendo correos”.

Cuestión de actitud

Directivos o colaboradores, jóvenes o viejos, quienes podrán librar este salto serán quienes tengan actitud, subraya. Es decir, “querer, tener ganas”, estar 24 horas los siete días de la semana, “y no asustarte de eso”. 

La revolución digital, que es una revolución industrial, explica, ha provocado que las personas “tengamos una identidad líquida. Yo, por ejemplo, estoy aquí en la entrevista, al mismo tiempo estoy en las redes sociales, en el sitio web, estoy chateando en LinkedIn. Estamos en varios lugares y esa ecuación las corporaciones no acaban de entenderla”.

Esa identidad líquida requiere que las personas estén conectadas, no que estén trabajando todo el tiempo, aclara. Disponibles, más bien. Implica, igualmente, que puedan realizar su trabajo en otros lugares que no sean en la oficina.

La empresa tradicional si no ve físicamente a los empleados dirá “uy, qué habrá estado haciendo todos estos días”, muchas veces a pesar de que el proyecto haya sido entregado en tiempo y forma. 

Trabajos de bajo valor, adiós

El miedo a la tecnología y a los cambios que supone son el fracaso de mucha organizaciones, emprendedores y colaboradores, comenta. “El ser humano reacciona mal ante lo desconocido”. La era digital trae nuevos escenarios “que necesitas entender para actuar. Si no los comprendes, vas a ciegas”. 

Y la realidad es que la revolución digital hará perder muchos trabajos. “La verdad nos hará libres y es mejor saberlo”, confiesa. “Día a día es desaparecen cientos de puestos”. La digitalización genera otros, sí, “pero no son suficientes”. 

Aquellas funciones que dejarán de existir son las de bajo valor, cuenta, tareas que puedan ser sustituidas por aparatos automatizados. “¿Para qué quiero a fulanito en una planta poniendo piezas, cuando una máquina lo hace mucho más preciso, más rápido y él encuentra alguna satisfacción haciendo esa labor?”.  

Y hay otros ejemplos, como el Chatbot de Amazon, que mantiene una conversación con un ser humano. O Alfred, “un compañero de trabajo” de Tito Calvo en Sngular, que es un programa informático capaz de gestionar las vacaciones del personal. 

Con la información de todos los colaboradores agenda y propone los días de asueto. “Se trata de que, si se puede, se vayan cuando ellos lo deseen, porque de su felicidad depende mi progreso y mi facturación y mi felicidad”.