Derivada de la constante penetración de la tecnología en todos los ámbitos en industrias productivas, es cada vez más notoria la progresiva automatización digital de procesos, lo cual tiene como resultado un dinamismo sin precedentes, aprovechado por las empresas para ofrecer productos y servicios en medios digitales de una forma fácil, rápida y sencilla. El mundo de las plataformas digitales hoy hace posible ejecutar compras en línea, solicitar y pagar servicios, e inclusive, si se tiene suerte, hasta encontrar al amor de tu vida.

Esto significa evidentemente una mejora en nuestros procesos personales de uso de tiempo y de efectividad para ejecutar tareas, cubrir necesidades y cumplir con deberes recurrentes de nuestras rutinas diarias. Pareciera que todo hoy en día es susceptible de ser automatizado y listo para ser puesto en una plataforma digital.

Casos de éxito conocemos muchos, tales como Uber, empresa que ha explotado una idea tan simple y a la vez tan compleja. Podría apostar que más de uno ha pensado ¿Por qué no se me ocurrió a mí? Era tan evidente esa necesidad y tan simple la solución. En fin, no cabe duda de que la industria de automatización de procesos es directamente proporcional en fuerza y amplitud al número de ideas innovadoras que puedan surgir en la mente de cualquier persona.

pero se han preguntado, ¿qué hay detrás de toda esa sencillez al alcance de una app?

Regularmente, equipos que se atreven a cambiar el statu quo, desarrollando modelos de negocio innovadores, cuestionando leyes y uno que otro paradigma, siempre inyectando un ADN digital en estructuras conservadoras donde la columna vertebral y el factor de cambio es la adecuada inversión e integración de nuevas tecnologías a procesos tradicionales, y por supuesto pensando de manera disruptiva.

Como abogados tecnológicos, ¿cuál es el reto?

Principalmente, es entender cómo funciona el proceso tradicional, posteriormente saber cómo funciona la tecnología que automatizará dicho proceso y finalmente ser lo suficientemente observador para identificar que, aún con la ausencia del factor humano en procesos automatizados, subsisten relaciones jurídicas que se ejecutan a lo largo de las diferentes fases de cualquier proceso. Por lo tanto, es necesario desarrollar un ojo digital para poder asesorar desde diferentes perspectivas, no solamente la jurídica, sino también cuidar la experiencia del cliente y el desarrollo armónico del negocio.

¿Cómo se desarrolla el ojo digital?

Probablemente la respuesta más adecuada sería “comportarnos como niños en el mundo digital”, permitirnos ser curiosos y experimentar como clientes digitales, utilizando plataformas, solicitando información a detalle de cómo fluyen las arquitecturas de los sistemas y cuestionando positivamente todo. 

Indudablemente, la automatización de procesos conlleva efectos sociales, modificación en los roles de trabajo que conocemos hoy en día. No obstante, es importante no perder de vista los beneficios que esto otorgará a la sociedad en donde lo único constante es el cambio.

¿Estás preparado para el mundo digital?

 

Julio César Zerecero Marín es Director jurídico. Vicepresidente senior de Jurídico Digital en Citibanamex.