Los sistemas de inteligencia artificial (IA) han modificado de manera profunda el ejercicio de numerosas profesiones. Arquitectos, diseñadores, ingenieros, economistas son entusiastas usuarios de herramientas de trabajo basadas, por ejemplo, en aprendizaje automático (machine learning); mientras que otras profesiones comienzan con la adopción de nuevas tecnologías para el soporte de algunas de sus funciones de manera tardía y con suspicacia. 

De acuerdo con la información presentada en el 2016 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México existían alrededor de 342,809 abogados ocupados con una edad promedio de 39.5 años. Mientras este sector de profesionales logró navegar una primera ola de cambio tecnológico a través de la asimilación de herramientas informáticas y sistemas de telecomunicaciones, la segunda ola integrada por herramientas de mayor sofisticación (machine learning y deep learning) parece representar una amenaza para el sector más tradicional de esta profesión.

La implementación de herramientas compuestas por elementos de IA parece tocar un nervio toral: la aceptación sobre las limitantes del derecho para, por sí mismo, asimilar el uso de nuevas tecnologías y, aún más importante, poder prestar servicios a nuevos modelos de negocios de base tecnológica.

En particular, el uso de estas herramientas ha hecho evidente un contundente cambio de paradigma: la estructura piramidal de las firmas de abogados basada en el sistema Cravath (Nueva York, 1819) era adecuada cuando los mercados comenzaban a expandirse, pero hoy en día los modelos colaborativos y multidisciplinarios cuentan con evidentes ventajas no sólo para asimilar cambios tecnológicos, sino para prestar servicios específicos solicitados bajo demanda y con costos reducidos.

Dentro de este nuevo esquema de trabajo, boutiques legales y lawtech startups han tomado la delantera convirtiéndose en jugadores clave en la conformación del nuevo paradigma de servicios legales. Espacios abiertos, abogados sin corbata acompañados de desarrolladores y sin participantes de firmas legales top tier son la constante en eventos como la Legal Geek en Reino Unido (un evento que inició con 100 participantes y hoy cuenta con más de 2,000) en donde es posible conocer el trabajo de startups de base tecnológica en el campo de servicios legales en un entorno transversal y multidisciplinario.

A pesar del optimismo sobre los enormes efectos de la automatización del trabajo, investigadores como John Flood aseveran que los roles del abogado no se pueden descomponer en conjuntos de tareas como lo plantea Richard Susskind. Recordemos penosos episodios en donde el uso de algoritmos de vigilancia de propiedad intelectual en plataformas de redes sociales (censorbots) se ha traducido en actividades de censura con efectos negativos para la diversidad de contenidos.

Si bien la suspicacia de algunos sectores sobre la implementación de herramientas de IA puede encontrar fundamento y aún no existe evidencia sobre la potencial desaparición de la profesión del abogado, lo cierto es que el cambio generacional y cultural impulsado por la transformación digital demanda nuevos esquemas de trabajo en donde el abogado sea un jugador más dentro de un equipo multidisciplinario capaz de generar canales de comunicación más allá de la lógica y técnica jurídica. 

[email protected]