Los actos de corrupción son un riesgo y una amenaza a los cuales las empresas están expuestas y las hacen vulnerables. Sus consecuencias son negativas (para la propia empresa, para la sociedad y para el Estado de Derecho) y contrarias al interés colectivo.

Las empresas deben considerar el programa de cumplimiento o compliance como un gran paraguas que cobija pilares sobre los que descansan el civismo, la responsabilidad social, el estándar ético y de integridad con los que la organización se identifica y se compromete. Esos pilares pueden ser, entre otros, la prevención de lavado de dinero, competencia económica, datos personales y anticorrupción. 

Un punto de partida para crear un programa anticorrupción consiste en analizar los objetivos de la empresa a corto y mediano plazo y los riesgos que pudieran impedir su cumplimiento. 

Para un empresa mexicana, la anticorrupción como parte de un programa de compliance resulta indispensable para prevenir un daño económico y reputacional. Desde una perspectiva de prevención, la empresa debe basar sus decisiones en un enfoque de riesgos. El riesgo más sonado en los últimos años es el soborno. 

La visión de un consejo de administración en relación con la amenaza citada debe tener un sentido de urgencia diaria, permanencia y ética inmanente. El capital humano de la organización y los terceros socios comerciales deben respirar y socializar el sentido de anticorrupción.  

Una herramienta y pilar de un programa de compliance es el concepto de anticorrupción, que no sólo debe entenderse como un manifiesto anticorrupción, prevención de la corrupción o sumarse a la lucha contra el fenómeno como un deber cívico o socialmente responsable, sino también como parámetros de probidad para convertirla en una cultura de acción diaria.

Usar anticorrupción e integridad como criterios en la toma de decisiones es también analizar la problemática desde una perspectiva de riesgos y basada en integridad, parámetros de transparencia y en sistema de protección reputacional permanente. 

La integridad es una cualidad de rectitud y probidad. Es la cualidad y adjetivo que deben identificar desde el proceso de contratación hasta las obligaciones laborales diarias de todos los empleados. Un programa anticorrupción es una forma de mostrarlo y recordarlo. La corrupción no es cultural, vivir en la integridad sí lo es, y es loable tomar decisiones basadas en ella.

Sugerimos que el programa anticorrupción de su empresa incluya: (i) liderazgo: el involucramiento serio y activo del consejo de administración y directivos para ordenar la creación del programa anticorrupción que  prohíba el soborno o participar en cualquier acto de corrupción; (ii) políticas escritas: desarrollar el programa tomando en cuenta a directivos, expertos y empleados y acorde a las circunstancias y objetivos de la empresa; (iii) entrenamiento efectivo con debida comunicación y socialización; (iv) procesos claros: debida diligencia (auditoría, subprocesos y revisión); (v) procedimientos claros para pagos, regalos, entretenimiento, donaciones y pagos de caridad, patrocinios y viajes a terceros; (vi) monitoreo y auditoría; (vii) mecanismos de denuncia: incluyendo guía clara para reportar y denunciar anomalías o violaciones (empleados y terceros socios comerciales) con una clara política en antiretaliación; (vii) para México, contemplar un enfoque adicional de cumplimiento a los parámetros previstos en el artículo 25 de la Ley General de Responsabilidades Administrativas en relación con el establecimiento de una política de integridad; (vii) contar con un oficial de cumplimiento experimentado, con conocimientos muy amplios en la ciencia jurídica. 

lortiz@gcs.com.mx

@LUISFORTIZC