Estudiar en el extranjero se ha vuelto una de las metas de la mayoría de los estudiantes que piensan obtener un título profesional. Incluso antes de comenzar con sus estudios, esta meta es crucial para elegir la universidad en la que estudiarán.

Convirtiéndose en una prioridad para los jóvenes, los estudiantes buscan todos los medios para lograrlo y ahí es donde las becas juegan un importantísimo rol para poder tener esta experiencia.

El mundo de las becas es inmenso y los tipos de becas otorgadas tanto a nivel público como privado son muy bastos. Lo importante es tener la imagen completa de por qué se quiere esta oportunidad y en eso radicará la diferencia entre sólo tener la experiencia que puede reducirse a un viaje prolongado de turismo o ser competitivo a futuro en el mundo laboral y poder compartir los conocimientos adquiridos como una acción de gratitud y regresar algo de lo obtenido, el cual es el principal motivo de existencia de las becas y su beneficio con el entorno.

Las ventajas de ir a estudiar al extranjero con una beca son un sinfín, no sólo en materia económica; también se aprenden otros idiomas, conoces una cultura distinta, haces nuevas amistades, puedes tener una ventaja competitiva en el currículum, pero pudiera existir algo aún más importante: el crecimiento académico que desemboca en acciones que provocan cambios positivos en la sociedad.

El estudiante que sabe aprovechar su estancia en el extranjero obtiene mayor conocimiento de su profesión por tener una visión completa de cómo se imparte el contenido y conocimiento de la materia, se involucra más con los profesores, pregunta, indaga, profundiza, sabe cómo se hacen negocios allá con eso que está aprendiendo en el aula, investiga qué cosas ha hecho la gente en el mundo laboral con esa profesión, cómo lo llevan a la práctica en esa ciudad de ese país que visita, lo aprende y empieza a desarrollar qué hará con ese conocimiento a su regreso, hace que esa beca otorgada y esa meta valgan realmente la pena y, vuelvo a mencionarlo, se cumpla el fin por el cual estas oportunidades existen.

Quisiera dar algunos ejemplos para los estudiantes que recuerdo de una conversación que tuve con el historiador mexicano Edgar López Chávez hablando de la importancia que la internacionalización ha tenido desde siempre.

Marco Polo, el viajero por excelencia, quien llevó al oriente la cultura occidental y regresó con las riquezas, tradiciones y productos de la China milenaria, sin él no habría pasta en Italia.

Otro es el barón Alexander Humboldt, quien recorrió el continente americano descubriendo y analizando cosas para regresar a Europa y demostrar lo aprendido, además de ser un embajador de las maravillas naturales del nuevo mundo.

Otros muy notables son los misioneros y frailes que llegaron con los colonizadores españoles, quienes dieron cátedra de las ciencias y artes del viejo mundo y al llegar a México lo que ellos sabían con lo que ya había aquí dio como resultado nuestra cultura e identidad. Ejemplos son: fray Bernardino de Sahagún, fray Vasco de Quiroga, fray Junípero Serra, fray Bartolomé de las Casas y Pedro de Gante.

Charles Darwin, Walter Raleigh, Fernando de Magallanes, Juan Sebastián Elcano, Francisco Pizarro y Juan Ponce de León, entre muchísimos más, fueron hombres que dejaron sus tierras para descubrir nuevas y regresar a casa con la mente y el alma totalmente distintas.

¿Qué sería de la cocina española si alguien no hubiera llevado las papas traídas del Perú?

¿Qué sería de las ciencias, la filosofía y las artes si Alejandro Magno no hubiera expandido la cultura griega por todo el imperio macedonio? ¿Qué sería de las ciudades modernas hoy en día si Roma no hubiera expandido su cultura y leyes por toda Europa?

Son los viajes, el conocimiento y el intercambio cultural bien aprendido los que han hecho que nuestro mundo siga dando vueltas. Es momento de revolucionar nuestra cultura.

María Isabel Chaos Urquiza es Directora de Internacionalización de la Universidad Anáhuac Querétaro.