El inicio de una vida juntos es uno de los cambios más significativos a los que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida. Por ello, en la primera parte de esta entrega comentamos que las consideraciones y decisiones financieras juegan un papel esencial que muchas parejas dejan de lado.

Desafortunadamente, una de las primeras causas de divorcio tiene que ver con problemas relacionados con el dinero, mismos que pudieron haberse evitado.

A continuación, algunos consejos adicionales:

1. Acuerden el régimen matrimonial bajo el cual desean unirse. Aunque el código civil es diferente en cada estado, en general, hay dos tipos de regímenes matrimoniales:

• Sociedad conyugal. Implica que los bienes que sean producto del matrimonio pertenecen a la pareja en proporciones acordadas. Sin embargo, es muy importante que se elabore una lista notariada de los bienes que cada uno tenía antes de casarse, ya que, de lo contrario, un divorcio podría complicarse mucho.

Cuando una pareja decide casarse bajo este régimen, el establecimiento de un contrato prenupcial -en el cual se detallen los derechos y obligaciones que tendrá cada integrante de la pareja como miembro de la sociedad conyugal- puede ayudar de forma decisiva en el sano desarrollo del matrimonio.

Además, si a dicho contrato se le añaden cláusulas relativas a la disolución de la sociedad por las distintas causas que consigna la ley, puede resultar sumamente útil para ambos en caso de que –ojalá no–decidan separarse.

• Bienes separados. Puede ser total o parcial. En el primer caso, establece claramente que los bienes de la pareja pertenecen a quien los aportó, lo cual simplifica notablemente los trámites en caso de separación. En el segundo, los cónyuges deben establecer una sociedad conyugal para aquellos bienes que se decide no incluir en el régimen de separación. En ambos casos, el establecimiento de un contrato prenupcial puede apoyar decididamente el sano desarrollo de la relación y ser muy útil en caso de que el matrimonio termine. En ninguno de los casos se reducen las obligaciones legales y morales para con el cónyuge y los hijos.

2. Determinen sus necesidades de aseguramiento. En muchas parejas el cumplimiento de las metas depende de los ingresos de ambos. Por ello es importante que, en caso de un imprevisto, se encuentren debidamente protegidos.

Las parejas deberían siempre determinar sus necesidades de aseguramiento y revisarlas una vez al año por lo menos, revisando coberturas y actualizando en caso necesario a los beneficiarios de sus pólizas.

3. Hagan o actualicen sus testamentos. Muchas parejas, lamentablemente, no hacen testamento. Esto evita que puedan proteger sus bienes (y a las personas a quienes quieren dejar su legado) de forma efectiva. Si tienen hijos, por su propia protección también deberían discutir quién será su tutor en caso de que ambos fallezcan.

Recordemos que el matrimonio es un asunto de compromiso, de llevar una vida mutua y de caminar juntos en una misma dirección. Parte fundamental del mismo es la confianza, sin la cual no se puede construir una relación sólida.

Como toda organización, el matrimonio debe permitir a incluso fomentar el desarrollo de las metas personales e individuales de cada uno de sus integrantes. Pero, a la vez, debe incluir metas más grandes, aquellas en las cuales deben participar ambos de forma efectiva para poder alcanzarlas.

En la misión del matrimonio debe existir la suficiente flexibilidad para que ambos logren también sus metas propias sin que uno prevalezca sobre el otro.

Sin este incentivo, se perderá la colaboración conjunta que es tan importante para alcanzar los objetivos que para ambos son superiores.

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