Cada trimestre suelo hacer un recuento, una revisión de los objetivos que me he planteado, para revisar su progreso. Este ejercicio me permite mantenerme enfocado. Pero también al final de año me gusta hacer un recuento integral, revisar varios aspectos de mi vida y de mis finanzas personales.

De esta manera, reviso varios aspectos, entre ellos:

  1. Mis objetivos. En mi caso particular la mayoría son de largo plazo (principalmente mi ahorro para el retiro), entonces reviso si he cumplido con mi plan y de hecho vuelvo a revisarlo de manera completa. ¿Qué tan cerca estoy del ahorro que necesito? Valido mis supuestos, por ejemplo el desempeño de mis inversiones (hay años buenos y malos). El replantearlo me ayuda a definir el monto que debo ahorrar el año siguiente para mantenerme por el rumbo correcto.
  2. Pero también hay otras metas, como puede ser el remplazo de mi auto dentro de tres años, o el de mi teléfono móvil en dos. ¿Deberé ahorrar más tomando en cuenta el incremento en el tipo de cambio? Tomo en cuenta que ambos son productos importados, en general.
  3. Calculo mi patrimonio para ver cómo me fue en el año. ¿Ha crecido o ha disminuido? ¿Por qué razón? En este sentido es importante poner las cosas en contexto y comprender bien el motivo: el patrimonio puede reducirse por el simple hecho de cumplir un objetivo. A manera de ejemplo: si uno ahorra para unas vacaciones, al tomarlas uno va a gastar ese dinero entonces uno tiene menos regresando (el patrimonio ha disminuido): eso está bien. Pero si el decremento se debe a que incrementaron nuestras deudas, nuestros pasivos entonces claramente habrá cosas que corregir.
  4. En el caso de deudas, recomiendo mucho verificar cómo han disminuido. La meta para muchas personas es quedar libre de ellas. En mi caso prácticamente no utilizo crédito al consumo (pago el total de mis tarjetas de crédito cada mes, las uso sólo como medio de pago pero no de financiamiento). Tuve dos créditos hipotecarios (Cofinavit) hace algunos años, los cuales liquidé en su totalidad en menos la tercera parte del plazo porque hice un plan para ello (una meta cumplida). Cada año hacía un plan para hacer pagos adicionales dependiendo de los meses en los que recibía ingresos mayores (por ejemplo bono anual, fondo de ahorro o aguinaldo) y los utilizaba para ese efecto, pero también solía pagar un monto mayor a mi mensualidad, lo cual era permitido por mi banco en las condiciones del crédito.
  5. Reviso el desempeño de mis inversiones, pero no en términos absolutos. Recordemos que siempre debemos de comparar con un benchmark adecuado. Por ejemplo, si uno invierte en la Bolsa Mexicana de Valores, uno debería comparar el desempeño de ese portafolio con respecto al rendimiento del Índice de Precios y Cotizaciones que es el principal indicador (benchmark) del mercado. ¿Nos fue mejor o peor que al índice? Entonces uno podrá sacar sus conclusiones. Lo mismo si uno invierte en deuda o en cualquier otro mercado.
  6. Hago también un rebalanceo de mis inversiones, ya que cada mercado financiero (deuda, capitales, mercados internacionales) tiene un desempeño distinto, lo que causa que mi asignación de activos cambie y por lo tanto el riesgo de mi portafolio global. El rebalanceo implica hacer los cambios necesarios para regresar cada tipo de activos al nivel que debe de tener. Esto implica una toma de utilidades sana para aquellos que tuvieron un gran año para comprar a un mejor precio aquellos tuvieron minusvalías.
  7. Mis seguros y plan de sucesión (testamento). Es muy importante revisar las pólizas una vez al año y mantener los beneficiarios actualizados. Hay gente que sigue teniendo como beneficiarios en su seguro de vida a sus padres o a su pareja anterior, cuando tienen otra situación familiar, lo cual no debe ser. Por eso es importante revisar las pólizas cada año y hacer los cambios que correspondan. Lo mismo con el testamento: cuando lo hice mi hija era menor de edad, ya no lo es, por lo cual requiero modificar algunas de sus condiciones en caso de que llegue a faltar.

Quiero concluir diciendo que la vida es dinámica y quizá lo único constante sea el cambio. Una revisión periódica, por lo menos una vez al año, nos ayuda a mantenernos enfocados y a asegurarnos de que el plan que estamos siguiendo refleje nuestras necesidades actuales.

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