Cada acto de los hombre se realiza por tres únicas razones: por honor, ?por dinero o por amor .

Napoleón Bonaparte.

Daniel Crosby, psicólogo norteamericano, sugiere que ciertos sesgos de percepción que afectan nuestras decisiones financieras se presentan de forma similar en las decisiones relativas a nuestras relaciones amorosas.

1. Un primer sesgo, al que nombra Yo puedo cambiarlo , se refiere a la tendencia a sobrevalorar nuestra capacidad para influir en factores externos.

En las relaciones amorosas ésta es la conducta que explica por qué se dan casos en que se cree que se le va a volver abstemia a la pareja que bebe o se le volverá monógama a la que sistemáticamente es infiel.

En términos financieros, este sesgo implica que tomamos decisiones suponiendo que el resultado final siempre depende de nuestra voluntad, y que los factores externos (generalmente aleatorios y arbitrarios) no tendrán una influencia mayor.

En la mayoría de los temas financieros (como en los amorosos) nuestra capacidad de dar forma al entorno es limitada y ello conlleva con frecuencia a descalabros no previstos.

2. Un segundo fenómeno es lo que se describe como el sesgo de Esta vez será diferente , el cual se relaciona con una tendencia a no reconocer patrones que nos hacen cometer el mismo error una y otra vez, creyendo que en esta nueva ocasión tendremos el resultado anhelado.

En lo amoroso, eso explica el hecho de que al terminar una relación, se inicia una nueva con la esperanza de que ésta sí funcione, sin entender cuáles fueron los errores que hicieron que la anterior fracasara.

De la misma manera, en nuestras decisiones financieras con frecuencia caemos en las mismas conductas, esperando que cambie el resultado sin haber hecho un diagnóstico de en qué fue en lo que nos equivocamos la vez anterior.

Saco una nueva tarjeta de crédito y pienso que esta vez sí podré controlar mi deuda, o hago caso de un consejo sobre una inversión milagrosa pensando esta vez sí me haré rico .

3. Un tercer sesgo es del Príncipe encantador . Se refiere a la tendencia a esperar permanentemente que un evento extraordinario de gran impacto, sumamente atractivo y benéfico, pero al mismo tiempo extremadamente poco probable, venga a cambiar radical y favorablemente nuestra vida.

En lo amoroso, ello implica estar a la expectativa de un príncipe (o princesa) azul, sin un solo defecto, que encontraremos de forma milagrosa y caerá rendido(a) a nuestros pies.

En lo financiero, implica tener la esperanza permanente de que un negocio milagroso, una herencia, una inversión extraordinaria o un premio de lotería surgirán de pronto para resolver nuestros problemas financieros.

En ambos casos está presente la negación a aceptar la realidad que enfrentamos y la consecuente necesidad de tomar acciones consistentes con la misma, e implica también la condición de llevar fuera de nosotros la resolución de nuestros problemas, desconociendo nuestra propia responsabilidad.

4. Un cuarto sesgo, descrito como No puedo renunciar a ti , se refiere a la dificultad que con frecuencia experimentamos a terminar una situación que sabemos que nos perjudica.

Ello está asociado al hecho de que a los seres humanos no nos gusta perder, y una forma en que ello se expresa es no reconocer que ya perdimos.

En lo amoroso, nos negamos a aceptar que la relación no tiene remedio; en lo financiero nos negamos a aceptar que una inversión no fue adecuada y en lugar de aceptar una pérdida menor, nos mantenemos en ella hasta que la pérdida se hace mayúscula.

Esta coincidencia en sesgos que afectan nuestras decisiones tanto amorosas como financieras no es casual.

Todas nuestras decisiones están sujetas a los mismos procesos conductuales y de percepción. Reconocerlo nos puede ayudar en cierta medida a evitar el efecto negativo que pueden tener en nuestras vidas.

*El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter en: @martinezsolares