Generalmente comparto estrategias de inversión o situaciones de mercado, pero hoy tocaré otro tema. Conforme vamos creciendo nuestras responsabilidades de igual forman aumentan, y es ahí donde nos inundan con gran cantidad de productos o soluciones para hacer frente a esas responsabilidades. Hablo puntualmente de los seguros. En cuanto decidimos formar una familia lo primero que nos ofrecen son seguros de vida; cuando llegan los hijos, los famosos seguros de educación, pero ¿valen la pena?

Recordemos que en este contexto estamos jugando con probabilidades, sí, como apuestas: qué tan posible es que tenga un accidente automovilístico, qué probabilidad tengo de una muerte temprana. Y lo más importante es con qué puedo dormir tranquilo.

Los seguros son excelentes instrumentos que nos ayudan en momentos no gratos, y deben formar parte de nuestros gastos anuales. Pero hay factores que debemos analizar a detalle y conocernos como personas para buscar las mejores opciones.

Primero, analizar si buscamos un seguro de vida o un ahorro garantizado. Muchos ofrecen seguros de vida donde aportamos durante 20 años cierta cantidad y al final garantizan el capital que invertí más intereses; en caso de invalidez o defunción me dan la cantidad que yo quería alcanzar. Esto es un ahorro, si lo vemos objetivamente; pasa lo mismo con los seguros de educación.

Ahora bien, si sólo sacamos seguro de vida será mucho más económico. Si al final de la póliza, después de 15 o 20 años, no tuvimos que utilizarlo no recibiremos nada de ese ahorro , pero sí dormimos tranquilamente y ése era el fin.

Pero ¿qué pasaría si nos disciplinamos y el diferencial de lo que pago de prima y ahorro lo invierto en renta variable, o si en lugar de contratar un seguro de educación hago aportaciones a un contrato de inversión?

Hice un pequeño ejercicio que quiero compartir con ustedes. Si calculamos al año una aportación de 25,000 pesos fijos anuales, y suponemos que empezamos en 1994 con dos premisas. La primera es que la inversión la realizamos en un fondo de inversión que replique a 100% el comportamiento de la bolsa; y segunda, si la inversión que manejemos en el seguro se comportará de acuerdo a la inflación, que es generalmente lo que nos ofrecen, esto es lo que tendríamos.

Después de 20 años nuestra inversión de renta variable valdría 3,344 pesos, y la del seguro 977 pesos. Una diferencia de 2.5 veces y eso contemplando los años 90 con elevadas tasas de inflación.

Y lo mismo pasa si lo vemos en los últimos 15 años. Nuestra inversión de renta variable valdría 1,391 pesos, contra 540 pesos. Pues parece que la decisión es fácil: si vivo más de 10 años no conviene el seguro.

Pero aquí es donde entra lo más complicado de la ecuación: la disciplina. Para que este ejercicio funcione debemos realizar las aportaciones a nuestro fondo de forma puntual, y nunca retirar un solo peso, sin importar la situación. Si usted puede hacerlo, la opción de la renta variable en el largo plazo no tendrá comparación con los intereses que estará recibiendo.

El autor es Javier López Vázquez Otegui, VP Institucional & Corporate Sales / Asset Management BBVA Bancomer.