En los últimos años, hemos presenciado una reducción sostenida de las tasas de rendimiento en México, que han llevado a niveles mínimos históricos en Cetes en todos sus plazos y en otros instrumentos gubernamentales. Estos niveles de tasas, aparejados a los niveles de inflación existentes, provocan rendimientos reales extraordinariamente bajos o incluso negativos.

Si pensamos en las sociedades de inversión existentes en el país como vehículos de inversión sumamente extendidos entre la proporción de la población que ahorra, encontramos que salvo algunos casos fuera de rango, un altísimo porcentaje de estos vehículos financieros agrupa su rendimiento en una banda relativamente estrecha muy cercana o inferior a las tasas base de bonos gubernamentales.

En los hechos, los ahorradores promedio perciben que el retorno por su inversión no es suficiente, provocando una reducción de su aversión al riesgo que si bien es un impulso que puede ayudar a buscar un nuevo horizonte de inversión más favorable en el tiempo, puede provocar decisiones de corto plazo que generen desequilibrios relevantes en el mediano y largo plazo.

Esta situación ha sido documentada en estudios realizados en otros países, como la investigación realizada por Geert Bekaert, Marie Hoerova y Marco Lo Duca, quienes encontraron una correlación entre las políticas de reducción de tasas de interés de la Reserva Federal y un mayor apetito al riesgo por parte de los inversionistas, conducta que se mantiene por periodos incluso mayores a los de las tasas de rendimiento bajas.

¿Qué implica esto? El potencial de un círculo vicioso para la economía y para la consolidación de los ahorros patrimoniales de las personas y las familias. Piense en el ejemplo de una persona que está buscando crear un ahorro patrimonial de largo plazo y que es naturalmente adversa al riesgo. En condiciones de periodos prolongados de tasas muy bajas, este ahorrador se encontrará motivado a reducir su temor e intentará participar en vehículos de inversión más riesgosos. El peligro latente es que, al participar en instrumentos de mayor riesgo, enfrente momentos de volatilidad coyuntural con fluctuaciones en el valor de su inversión que lo lleven a retomar su aversión natural al riesgo, saliendo del vehículo y liquidando su inversión, tomando pérdidas patrimoniales relevantes. En un contexto más amplio, la investigación antes referida sugiere que esa conducta más proclive al riesgo puede contribuir a generar burbujas especulativas en el largo plazo.

Tratándose de ahorradores individuales, existe el riesgo latente de, además, dejarse seducir por instrumentos poco confiables o por promesas de desempeño poco apegadas a escenarios realistas, que omiten mencionar los márgenes de volatilidad de corto plazo en el valor de sus inversiones.

¿Qué debemos considerar?

• Si mi rendimiento actual es bajo, debo primero analizar si se encuentra dentro del rango de inversiones similares comparables. No puedo comparar mi desempeño en un fondo de deuda gubernamental con el de un fondo en acciones de mucho mayor riesgo.

• Si nuestro ahorro es con fines patrimoniales, es necesario tener muy claro cuál es el nivel máximo de tolerancia al riesgo y la volatilidad que puede aceptar antes de invertir y posteriormente entrar en pánico y pretender vender mi inversión aun a costa de una pérdida.

• Si mi rendimiento actual es bajo pero superior a la inflación, debo recordar que cualquier vehículo que me ofrezca con un rendimiento sensiblemente superior implica necesariamente un riesgo mayor correlacionado.

• Si decido tomar más riesgo, debo moverme dentro de un abanico de opciones que no sea sumamente lejano del nivel de riesgo al que me encuentro acostumbrado.

Podemos ser más aventurados siempre y cuando seamos conscientes de las implicaciones que estas decisiones potencialmente tienen aparejadas.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en economía conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

director_general@mb.com.mx