Muchos de nosotros lamentamos que los políticos no se pongan de acuerdo: que se ataquen unos a otros en lugar de buscar coincidencias que permitan construir un país mejor.

En los últimos días me he dado cuenta de que esto no es exclusivo de ellos, sino que, por el contrario, nosotros también actuamos así en nuestra vida diaria. En este sentido, estamos en un problema mucho más profundo, ya que el que los políticos no puedan ponerse de acuerdo no es más que un reflejo de nuestra sociedad.

Hablemos de política

No cabe duda que la política genera discusiones apasionadas y es precisamente esta pasión la que genera una tendencia natural del ser humano de encontrar lo malo en el otro.

Hace un par de días estuve en una discusión donde se me atacó y tachó de muchas cosas, simplemente porque intenté poner en contexto varias de las críticas que se le estaban haciendo a un candidato, en mi opinión sin sustento.

Esta reacción de ponerme calificativos, en lugar de buscar escuchar y entender lo que yo trataba de decir para entonces argumentar en contra, es lo mismo que sucede en la política.

Los partidos se acusan unos a otros, de la misma manera como estas personas me acusaron a mí, en lugar de escucharme. Ésta es la razón principal por la cual los políticos no se ponen de acuerdo.

No escuchamos a una persona porque es un intolerante , porque es de derecha o es de izquierda . Es decir, cuando alguien no piensa como nosotros, la forma más fácil de disentir es simplemente hacerlo a un lado o ponerle un calificativo.

Eso pasa en muchos ámbitos de la vida. Pasa con los amigos, como me sucedió a mí.

Pero también en las empresas: muchos directivos no aceptan que alguno de sus empleados piense diferente y por lo tanto no lo escuchan. Y desde luego, como sabemos, sucede en la política. Porque así somos, así nos han educado: no sabemos escuchar.

El no saber escuchar genera problemas sociales que van mucho más allá de simples disputas políticas. Genera, por ejemplo, manifestaciones, marchas y plantones ?–aunque no los justifico, puedo entender que para muchas personas ésta es la única manera como pueden ser escuchadas. Y a veces, ni siquiera de esta forma.

Encontrar sinergias

Dice William Ury que lo más importante a la hora de negociar es escuchar y tratar de entender qué es lo que quiere el otro, porque en una negociación exitosa nadie pierde, todos ganan.

Escuchar y negociar implica intercambio de ideas. En este sentido, no debemos olvidar que lo que añade valor a la sociedad, a una empresa o individuo, es precisamente el debate.

Los grandes cambios en la historia de la humanidad, o los grandes inventos, se han dado gracias a personas que piensan diferente y que de alguna u otra manera han sabido escuchar, para después ser escuchadas.

Uno de mis libros favoritos -management, La quinta disciplina de Peter Senge- habla precisamente de cómo se forman las grandes empresas, las organizaciones de aprendizaje.

Él menciona como característica fundamental la sinergia entre distintas visiones para ir logrando una evolución.

La próxima vez que pensemos que los problemas del país se dan porque los políticos no se ponen de acuerdo, pensemos en qué hacemos nosotros para ponernos de acuerdo con las personas que piensan diferente.

Pensemos si realmente las estamos escuchando y en cómo podemos aprender de ellas para construir algo mejor.

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