La inversión en Bolsa es esencial para poder construir un patrimonio en el largo plazo. La razón es muy sencilla: los instrumentos de deuda (pagarés bancarios, cetes, bonos, etcétera) ofrecen un rendimiento muy pequeño en términos reales (tomando en cuenta la inflación), incluso en muchas ocasiones es negativo (nuestro dinero crece menos que la inflación).

La Bolsa nos da la posibilidad de obtener rendimientos mucho más elevados: el mercado mexicano ha ofrecido retornos promedio de 10% en términos reales, es decir, por arriba de la inflación. Pero también es un mercado muy volátil.

Por ello, para poder aprovechar las ventajas que nos ofrece, necesitamos entender algunos aspectos esenciales sobre el mercado de capitales y sobre cómo funcionan las acciones.

El mercado de capitales resulta un misterio para muchas personas. Sin embargo, la realidad es que la forma en que funciona no es un secreto para nadie.

¿Alguna vez ha asistido a una subasta? Cuando uno compra un objeto en una subasta, no se lo está comprando a la casa de subastas. Ella sólo se encarga de organizar el evento, de juntar a los vendedores y a los compradores interesados en un mismo lugar, y a tratar de obtener el mejor precio posible para el vendedor. Dado que no existe un precio fijo para ningún objeto (aunque suele haber un precio mínimo inicial), el precio al que se remata cualquiera de ellos es el que está dispuesto a pagar la parte compradora.

El mercado accionario funciona de una forma similar. Las casas de Bolsa son los intermediarios que tratan de juntar a los vendedores y a los compradores en un mismo lugar (el mercado).

El precio de las acciones está determinado de la misma forma que los objetos en una subasta: éstas se venden al mejor postor. La única diferencia podría ser el hecho de que las transacciones ya no se realizan en ningún lugar físico, sino vía remota a través de medios electrónicos.

¿Cómo se determinan ?los precios de las acciones ?y por qué cambian?

El precio al que se cierra una transacción en el mercado accionario depende de cuál es el menor precio que el vendedor puede aceptar y de cuánto está dispuesto a pagar el comprador por ese título.

Los precios que se publican en los periódicos especializados, como El Economista, son los que corresponden a la última transacción realizada en el día anterior. Pero también se puede revisar el volumen de acciones que se negoció, así como los precios máximos y mínimos que tanto compradores como vendedores estuvieron dispuestos a aceptar.

Si uno tiene acceso a información por Internet en tiempo real, probablemente también encuentre las posturas de compra y de venta que existen en ese momento. Sin embargo, el mercado se mueve tan rápidamente que si uno compra en ese momento, el precio puede ser mejor o peor que la última cotización.

El precio de una acción constantemente está cambiando: subiendo o bajando por algunos centavos (o incluso varios pesos). Existen muchos factores que hacen que el precio de las acciones cambie, pero no todos ellos pueden explicarse de manera racional. Muchos inversionistas compran o venden acciones basándose en emociones tales como el miedo, y no porque es la acción lógica en un momento determinado.

Asimismo, otros inversionistas a veces exhiben mentalidades de manada, basando sus decisiones de compra o venta en lo que todos los demás están haciendo. Algunas veces, las sobrerreacciones del mercado crean con criterios objetivos, comprando acciones que han bajado temporalmente o vendiendo aquellas que han subido de forma desproporcionada, sin ninguna razón aparente.

*Te invito a visitar mi página www.planeatusfinanzas.com. Sígueme en Twitter: @planea_finanzas

[email protected]