Hace unos años, era común escuchar a las personas “no traigo dinero” (fuera verdad o pretexto solamente) mencionar esta frase cuando no se podía comprar algo o pagar algún servicio y, por ende, regresar a casa con un poco de frustración ante tal hecho. También hace unos años, se empezaba a escuchar con atención y sorpresa cuando a alguien se le ocurría decir “un día, el dinero que usas en el mercado podría ser reemplazado por dinero electrónico”.

A la mayoría de personas, les gusta la seguridad del efectivo, la sensación de traerlo a la mano. Pero, ¿Quién no recuerda cuando se le cayó el dinero en la calle o que le robaron la cartera? Y de mala manera se aprende que el efectivo no es muy seguro. Además, cuando un cajero automático está fuera de servicio, hay que trasladarse a algún otro punto para sacar dinero del banco, ya sea otro cajero o incluso acudir a una sucursal.

Con el aislamiento social que comenzó el año pasado y que, aún no termina, hubo un fenómeno que se ha ido normalizando poco a poco en la mayoría de las personas: del temor al riesgo de contagio por contacto debido al uso de efectivo, a irse acercando más a las aplicaciones de comercio electrónico, incluso para hacer compras sencillas que eran impensables antes de todo esto y empezarse a habituar más a pagar con tarjetas.

Utilizar el dinero en efectivo, tiene algunas implicaciones de privacidad y seguridad: el efectivo permite mantener el anonimato para obrar ilícitamente y las personas se exponen a ser asaltadas al traer consigo su dinero.

Sin embargo, no todas las personas tienen acceso a los servicios bancarios, pues quienes no tienen una cuenta, dependen del efectivo. Si el efectivo desaparece, ¿Qué pasará con ellas? Con el incremento del número de celulares en el país, es posible abrir una cuenta de manera casi inmediata y poder disfrutar de las ventajas y la seguridad que ofrecen las cuentas digitales.

Hay muchas ventajas en el uso de una cuenta digital, como la inclusión financiera para que, aquellas personas que no tienen una cuenta bancaria puedan acceder a un medio de pago y después beneficiarse de otros servicios financieros, como las cuentas de ahorro y los préstamos.

Seguramente muy pronto, la expresión “no traigo dinero” pasará al anecdotario de la historia, como muchas otras que hoy al encontrarlas en libros, relatos o en algún buscador de internet, causan sorpresa y en ocasiones hasta una sonrisa nostálgica.

*El autor es Head of Institutional and Corporate Sales - BBVA Asset Management.

mauricio.rubio@bbva.com