Elegir una administradora de fondos para el retiro (afore) no suele ser una de las prioridades de los mexicanos, e incluso varios asesores han advertido que es un asunto del cual las personas se ocupan hasta que están cerca del retiro. De ahí que muchos no sepan qué pasa con los recursos que aportan su patrón y el Estado, particularmente la identidad de quién los tiene y qué hace con ellos.

Al desatendernos de la obligación de elegir una afore, damos pie a que la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) sea quien decida cuál de las 10 afores que operan en el país será la encargada de invertir nuestros ahorros, optando por la compañía que tenga en ese momento el mejor desempeño.

Esta asignación se hace una vez al año, y si en dos años el trabajador aún no ha elegido afore, los recursos del trabajador se vuelven a transferir a la afore que muestre el mejor desempeño, refiere información que la Consar compartió a El Economista.

“La asignación y la reasignación permiten que su ahorro para el retiro se mantenga en constante crecimiento en caso de que no haya seleccionado una afore. Sin embargo, al no registrarse no recibe todos los beneficios que implica estar registrado formalmente en una administradora”, refiere la comisión.

Entre los beneficios que la Consar destaca de elegir activamente una afore, destaca que su cuenta de ahorro para el retiro tenga registrados sus datos de identificación, como la CURP y RFC, lo cual es necesario para que pueda realizar trámites de pensión, de retiro de recursos o solicitar un crédito de vivienda.

Además, hacer la elección de una administradora permite acceder a los servicios de información que proporcionan las afores, como la atención personalizada a través de sus diferentes canales de contacto, así como al envío cuatrimestral de su estado de cuenta al domicilio o correo electrónico de su preferencia.

Además, tener una afore facilita hacer ahorro voluntario, permitiendo que se invierta en distintas modalidades y con menores comisiones que algunos productos de inversión tradicionales.

Cabe mencionar que los trabajadores pueden cambiar de afore una vez al año y una vez más (es decir, máximo dos veces al año), si es a una administradora que haya mostrado de manera consistente los mayores rendimientos. Después del segundo cambio, el trabajador debe esperar por lo menos un año para realizar otro.

No obstante, los especialistas recomiendan evaluar —no cambiarse necesariamente— el comportamiento de la afore cada tres o cinco años, para decidir si mantienen sus recursos, o los traspasan a una firma de mejor desempeño.

Aunque la rotación de los recursos de un trabajador que no ha elegido su afore se hace cada dos años a la firma de mayores rendimientos, esto no necesariamente implica lo mejor para el trabajador, ya que también se deben evaluar los servicios de la administradora.

Los servicios van desde la asesoría de la compañía, hasta los trámites que se pueden hacer física y virtualmente, y la disponibilidad de sucursales para recibir atención.

Trabajadores fallecidos

En el supuesto de que un trabajador haya fallecido sin haber elegido una afore, la Consar refiere que los recursos de la cuenta individual son heredables a las personas designadas de acuerdo con las leyes de seguridad social.

Cabe recordar que existen dos tipos de beneficiarios: los legales, que pueden ser —en orden de prioridad— la pareja viuda; hijos menores de 16 años o estudiantes hasta 25 años; una pareja concubina; o ascendientes del trabajador que hayan dependido económicamente de éste.

Por otra parte están los beneficiarios sustitutos, que aplican únicamente a falta de beneficiarios legales, que son designados por el IMSS, ISSSTE o el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje.

“Los beneficiarios podrán disponer de los recursos de la cuenta individual a los que tengan derecho, acudiendo a la afore con la documentación que acredite su calidad de beneficiarios (resolución de pensión o laudo emitido por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje)”, refiere la Consar.

Es importante tener en cuenta que si no se reclaman los recursos a partir del fallecimiento del trabajador, el derecho a disponer de ellos caduca a los 10 años.