Hace días estuve leyendo una encuesta en la cual se afirma que cerca de 57% de los mexicanos padecerá la llamada cuesta de enero. Esto a pesar de que muchos recibieron aguinaldo, que es un ingreso extraordinario que seguramente no alcanzó a cubrir los gastos propios de la época.

Muchas personas seguramente cayeron en la tentación de las promociones a meses sin intereses, gastaron más de lo que ganaron y comprometieron su flujo de efectivo futuro. Pero incluso paralas personas que supieron planificar adecuadamente sus compras navideñas (desde el famoso Buen Fin), y estudiaron cuidadosamente cuál sería su capacidad de pago, el inicio del 2015 no estará exento de dificultades.

Ya se están anunciando los nuevos precios de algunos bienes y servicios por ajuste inflacionario, aunque en muchas ocasiones superior al Índice Nacional de Precios al Consumidor. Esto obliga a las personas a realizar los ajustes en su presupuesto familiar, tratando de cuidar al máximo su poder adquisitivo.

No obstante, las situaciones complicadas y comprometidas las tendrán que enfrentar quienes no supieron mantener un control sobre su dinero y abusaron del poder de comprar, ahora para pagar en pequeñas mensualidades durante más de un año (y que para la próxima Navidad seguirán pagando lo que compraron en ésta).

Cualquiera que sea el caso, debemos:

1. Conocer la magnitud del problema. Para ello valdrá la pena hacer una lista de todo lo que tenemos (nuestros activos) y por otro lado de todo lo que debemos (nuestras deudas o pasivos), incluso gastos fijos. Esto nos permite tener una fotografía de nuestra situación financiera actual. La diferencia entre estos dos conceptos es el tamaño de nuestro patrimonio (lo que nos quedaría si liquidamos todos nuestros activos para pagar todas nuestras deudas). Ojo: hay personas que tienen un patrimonio negativo (es decir, deben más de lo que tienen).

2. Hacer un presupuesto en donde la primera prioridad sea reducir nuestros pasivos. Esto se logra pagando el mínimo a todos nuestros acreedores y luego depositar una cantidad adicional, lo más que podamos, al crédito que presente la tasa de interés más elevada.

Aunque si estamos demasiado apretados, posiblemente convenga concentrar nuestros esfuerzos en liquidar el que tenga el saldo más bajo, para así liberar un poco la presión y tener un poco más de holgura para atacar los demás.

3. Otra opción es sustituir nuestros préstamos por otros que contemplen una tasa de interés menor. Todos sabemos que el crédito más caro es el que otorgan los bancos o las tiendas departamentales a través de las tarjetas de crédito y créditos de nómina. Ésta es una solución que no me gusta, porque implica abrir un agujero para tapar otro... puede funcionar, pero se tienen que liquidar los demás adeudos con tasa de interés más alta de inmediato.

Algunas opciones son un préstamo familiar, o bien algún retiro anticipado del fondo de ahorro en nuestra empresa, si contamos con dicha prestación.

4. Si tenemos ingresos extras (algunas empresas empiezan a pagar algunas bonificaciones en el primer trimestre del año) destinémoslo al pago de deudas, para poder mejorar nuestra situación y comenzar a construir un mejor camino hacia adelante.

5. Una opción adicional, aunque no nos guste, es vender un bien, como nuestro auto, si eso nos permite salir de un problema grande de endeudamiento.

Pongamos en práctica nuestro plan de acción y llevémoslo a la práctica. Sobre la marcha podemos realizar todos los ajustes que sean necesarios. Este camino desde luego es largo, pero es la única forma de hacerlo. Seguramente costará mucho trabajo; sin embargo, una vez que hayamos logrado salir de deudas, podemos aprender de la experiencia y tomarla como la mejor motivación para no volver a caer en situaciones similares.

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