Una vez que tenemos claras nuestras metas y hemos aprendido que ahorrar no es más que pagar hoy por algo que queremos lograr a futuro (un objetivo de vida que tenemos), los siguientes pasos son:

5.- Invierte con inteligencia. He escrito mucho sobre inversiones y lo seguiré haciendo porque es uno de los aspectos más importantes para lograr un patrimonio. No basta con el simple ahorro, sobre todo cuando hablamos de metas a largo plazo. Nuestro dinero tiene que crecer por arriba de la inflación para que valga la pena el esfuerzo.

Ahora bien, tenemos que entender que no existe una sola inversión ideal, ya que depende mucho de nuestras necesidades y del plazo en el cual queramos lograr nuestras metas.

Para plazos largos, como ejemplo pongo nuestro retiro, tenemos muchísimas opciones: poner un negocio, adquirir bienes inmuebles, comprar acciones en la Bolsa de empresas exitosas, entre otras.

Debemos invertir en cosas que, aunque de momento puedan tener volatilidad (la economía se mueve por ciclos y aunque tengamos bienes raíces siempre puede haber alguna crisis inmobiliaria), en el largo plazo tengan la posibilidad de lograr un crecimiento real de nuestro dinero. Hay que estar atentos a ello.

Obviamente si invertimos dinero que podemos necesitar mañana sería una locura ponerlo en Bolsa o invertir en un departamento que no podríamos vender tan rápidamente.

En este caso, tenemos que optar por instrumentos que aunque paguen rendimientos pequeños, nos permitan disponer inmediatamente de nuestros recursos.

6.- Protege lo que tienes. La protección del patrimonio es esencial y, sin embargo, es un aspecto frecuentemente relegado.

De nada sirve generar un patrimonio si una enfermedad puede acabar con él en un abrir y cerrar de ojos. O una catástrofe natural, como un terremoto o inundación. Por eso es importante que analices y definas tus necesidades de protección, para contratar las pólizas de seguro que verdaderamente necesitas. Enfócate en aquellas cosas que verdaderamente pueden causar un desequilibrio en tu patrimonio, no tanto en pérdidas que podrías en un momento dado absorber. Es decir, si hay que poner las cosas en una balanza, es mucho mejor tener una suma asegurada alta (o más bien: suficiente) que un deducible bajo. No olvides tampoco proteger a las personas que quieres y que dependen económicamente de ti, como a tus hijos (o a tus padres en edad avanzada, que es algo muy común en México). Para eso sirven los seguros de vida: si les faltas, por lo menos tendrán algo que les permitirá continuar su camino.

7.- Prepárate para días lluviosos. Hay riesgos que no se pueden asegurar y que sí nos pueden afectar severamente.

Simplemente: la pérdida de nuestro trabajo. O una reparación grande en nuestro hogar. Por eso siempre debemos tener un fondo para emergencias, que aunque sea pequeño en un inicio, poco a poco nos pueda servir de colchón para estas cosas imprevistas.

Lo ideal es llegar a juntar en este fondo lo que gastas en tres meses, aunque si trabajas por honorarios o comisiones quizá necesites más (los asalariados por lo menos reciben una liquidación, pero los freelance no). Como indiqué antes: poco a poco, no se trata de juntar todo de un jalón, aunque tampoco hay que dejarlo de lado porque uno nunca sabe cuando los imprevistos se asoman.

8.- La ley de la vida. A las personas no les gusta hablar sobre testamentos, porque es como si nos fuéramos a morir.

La verdad es que nadie tiene la vida comprada: en cualquier momento podemos pasar a mejor vida. Nos puede atropellar un camión o darnos un infarto fulminante. Así de sencillo.

Por eso es importante hacer un testamento, aun si apenas estamos comenzando a vivir. Para que por lo menos lo que logramos en vida quede en las manos adecuadas. Muchas veces vemos propiedades abandonadas, porque la madre o padre no dejó testamento y los hijos se siguen peleando la herencia. ¿Eso queremos que pase con nuestro patrimonio? Eso pensé.

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