A continuación, terminamos con nuestra exposición sobre los seis mitos principales de los seguros y la verdad en torno de ellos.

Mito cinco. Todas las compañías son iguales

En realidad, hay diferencias significativas entre las distintas compañías de seguros, no sólo en cuanto a productos y coberturas, sino también en cuanto a servicio y capacidad financiera, situaciones que asimismo debemos evaluar al momento de contratar un seguro.

La mayoría de las compañías cuentan con una calificación de fortaleza financiera emitida por alguna agencia calificadora que nos permite conocer su solvencia y su capacidad de pago de siniestros. Es importante estar asegurado dentro de una compañía sólida.

Por otro lado, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros hace públicas las estadísticas de reclamaciones que han recibido por parte de los usuarios, así como las resoluciones satisfactorias que se han tenido.

Ésta es una herramienta que nos permite saber qué compañías tienen más problemas de servicio a la hora del siniestro.

Aunque quizá lo más importante es que existen productos muy diferentes en el mercado -unos más restrictivos que otros-, hay pólizas más confusas y otras que son más sencillas de leer. Desde luego, no es fácil que nosotros podamos compararlas, pero éste es trabajo de nuestro agente de seguros, quien debe explicarnos las ventajas y las desventajas que tiene cada una de las compañías con las que nos ha cotizado.

Recordemos que, como mencionamos en el primer artículo de esta serie, el costo del seguro no es únicamente el precio, sino la relación entre la prima que se nos cobra y la cobertura que se nos brinda. Es decir: hay que buscar tener una buena relación precio/calidad, como en cualquier otro producto que compramos.

Mito seis. Los seguros ?sirven para invertir

La función de los seguros es cubrir riesgos. Existen productos de ahorro que nos permiten garantizar un ingreso futuro en caso de sobrevivencia –los llamados seguros dotales, que pueden ser muy útiles como parte de nuestra planeación financiera personal.

Pero se han creado también algunos productos que no ofrecen una garantía futura, sino que están sujetos a los rendimientos que obtenga la aseguradora. Muchos de éstos se comercializan como seguros de inversión.

Dichos productos nacen porque las compañías de seguros tienen que crear reservas técnicas que cubran sus obligaciones futuras.

Las reservas se forman con la prima que los asegurados pagan y ésta debe ser invertida en los instrumentos que permite la ley.

Algunas compañías aseguradoras ofrecen portafolios o alternativas de inversión (en ocasiones les llaman fondos sin tener esa figura). Lo cierto es que, muchas veces, son alternativas poco competitivas con lo que podemos encontrar en el mercado abierto, simplemente, porque los gastos de adquisición que tienen las aseguradoras son mayores que los de otros intermediarios financieros. Aunque en todo hay excepciones y existen algunos productos atractivos, por lo general, las aseguradoras son entidades financieras especializadas en cobertura de riesgos, no en inversiones. De hecho, la regulación limita mucho su margen de acción en este rubro.

Por el mismo motivo, si lo que queremos es invertir, por lo general, será mejor hacerlo a través de una empresa que esté especializada en inversiones precisamente.

Desde luego, hay muchos otros mitos que rodean a los seguros, pero me parece que hemos abordado los más importantes y frecuentes en esta serie de colaboraciones.

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