En colaboraciones pasadas hemos platicado acerca de los beneficios del seguro, mencionamos algunas de las características que debemos tener en cuenta al contratar y así evitar gastos innecesarios por poca protección.

Los seguros son para indemnizar posibles riesgos (eventos súbitos e imprevistos) que pueden afectar severamente las finanzas (personales o de una empresa).

Los deducibles hacen que el asegurado participe de su pérdida de una forma limitada, lo cual es muy sano para la operación de los seguros.

Mediante el deducible retenemos una parte de nuestro siniestro, lo cual contribuye a tener una cultura de que cada pérdida realmente nos cueste a pesar de tener un seguro, pero se reduce el riesgo moral.

Refuerza nuestro interés por una adecuada administración de riesgos.

Por otro lado, la aseguradora comienza a indemnizar a partir de que se rebasa el deducible, es decir, cuando la pérdida realmente se vuelve importante para nosotros para restaurar nuestros bienes a la condición como se tenían antes del siniestro.

Dado que no esperamos frecuencia de siniestros (los seguros son el único producto que debe comprarse con el fin de no utilizarlo), hace más sentido pagar una prima menor e invertir la diferencia en nuestro fondo para emergencias que, entre otras cosas, nos ayuda a pagar el deducible en caso de un imprevisto.

Es importante mencionar que, como en todo, debemos buscar un equilibrio: la relación prima/deducibles, el cual se adapte mejor a nuestras necesidades.

Evite catástrofes financieras

Como ya mencionamos, debemos asegurarnos contra los riesgos que podrían afectarnos seriamente (a nosotros o a nuestros dependientes).

El precio de los seguros no es barato por sí mismo, pero sí lo es a comparación de la pérdida total potencial que estamos transfiriendo. La belleza del mercado estriba en que los riesgos son dispersados entre millones de otras personas y empresas.

Si nuestra casa se cae por un terremoto, por ejemplo, el que tuviésemos que pagar la reconstrucción con nuestro propio dinero sería una catástrofe financiera tremenda.

Sin embargo, al estar asegurados, las primas pagadas tanto por nosotros, como por millones de otros asegurados sirven para pagar nuestra pérdida.

Pensemos por un momento cuáles son nuestros bienes -activos- más preciados. Consideremos por ejemplo:

Nuestros ingresos futuros. Para muchas personas, su activo más valioso está representado por los ingresos futuros. Si uno estuviese incapacitado y no pudiese trabajar ¿de qué viviríamos? Si llegamos a faltar, ¿de qué vivirán nuestros hijos? Por eso existen los seguros de vida y los beneficios por incapacidad.

Nuestras responsabilidades. ¿Qué pasaría si mañana un invitado se resbala en nuestro hogar, se fractura su cadera y queda incapacitado de por vida?

¿Qué pasaría si un producto que fabricamos llega a fallar y causa daños a otras personas? Los seguros contra responsabilidad civil podrían ayudarnos muchísimo.

Nuestra salud. Especialmente en la era de gastos médicos que suben como la espuma , podríamos tener en cualquier momento una complicación que nos genere una cuenta de millones de pesos en un hospital. Y sin embargo, muy poca gente goza de la cobertura adecuada.

Nuestros bienes. Ya tocamos este tema, ¿qué pasaría si mañana perdemos nuestra casa a causa de un incendio o terremoto?

Lamentablemente muchas personas y empresas descuidan este principio fundamental del seguro: se preocupan más por deducibles básicos, por asegurar pérdidas pequeñas, que por sus grandes catástrofes. Por eso muy pocos tienen la cobertura realmente adecuada a sus necesidades.

Desde luego, psicológicamente a mucha gente le gusta recuperar, ver que la prima que paga por sus seguros le reditúa (aunque a largo plazo no es así). Por otro lado, ven la probabilidad de ocurrencia de una gran catástrofe como relativamente baja.

En efecto, lo es, pero el riesgo existe. Precisamente para cubrir esos riesgos es que existen los seguros.

Te invito a que me envíes tus preguntas, dudas y comentarios a través de mi página en Internet: www.planeatusfinanzas.com