En nuestra colaboración anterior, abordamos un aspecto muy importante de los seguros: no son instrumentos para cubrir pérdidas pequeñas, sino para pérdidas potencialmente grandes, comentamos también un poco sobre las coberturas con las que hay que tener cuidado. A continuación seguimos con la enumeración de dicha lista:

Planes que extienden la garantía original de un producto.

Es irónico que después de que un vendedor trata de explicarnos las bondades del producto que nos trata de vender, nos quiera convencer de gastar más dinero por comprar una póliza de garantía extendida.

Estos planes se pusieron hace tiempo de moda en las agencias automotrices y, actualmente, están siendo ofrecidos en tiendas departamentales, sobre todo en el área de aparatos electrónicos.

La verdad es que las garantías de los fabricantes cubren realmente los defectos de fabricación de los productos.

Reparaciones posteriores pocas veces son necesarias y si lo son no van a afectar gravemente nuestro patrimonio. De hecho, algunas tarjetas de crédito cuentan con un seguro que duplica la garantía original del fabricante de forma gratuita.

Transferencia del riesgo

Como también mencionamos hace algunos días, las pérdidas pequeñas se manejan de una forma mucho más eficiente a través de nuestro fondo para emergencias: no tiene sentido transferirlas a alguna aseguradora debido a que no nos afectan severamente.

La transferencia, en el largo plazo, es una opción mucho más cara e ineficiente.

Este punto es muy importante: debemos proteger nuestro patrimonio, desde luego, pero debemos hacerlo de una forma eficiente para nosotros. De esta forma queremos ofrecer un consejo:

Tomar los deducibles más altos que podamos afrontar, siempre que tengan sentido. Muchas pólizas de seguros (principalmente las de autos, gastos médicos y daños) tienen deducibles: el monto máximo que el asegurado debe pagar en caso de un siniestro antes de que opere la cobertura.

Deducibles

Los deducibles son necesarios para la sana operación del mercado de seguros, por las siguientes razones (entre otras):

Los deducibles evitan que se tengan que pagar siniestros pequeños y sin importancia, con lo que se reducen costos para la aseguradora y para el asegurado.

Por ejemplo, si se quema una porción milimétrica de una alfombra, cuya reparación es de 100 pesos, no tendría sentido reclamar indemnización bajo un seguro.

Nos gastamos más nosotros al reclamar (documentación de siniestro, llamadas, gasolina, etcétera) y se gasta más la aseguradora en su trámite administrativo y gastos de ajuste, que en el monto del siniestro en sí, lo cual no tiene sentido.

Los deducibles evitan la frecuencia. La frecuencia de siniestros puede hablar de una mala administración de riesgos (por ejemplo, falta de mantenimiento) o de causas operativas (por ejemplo, parte de la operación normal de un negocio). Por lo tanto, pérdidas frecuentes no son objeto de una póliza de seguros.

En nuestra próxima colaboración hablaremos un poco más sobre los deducibles, su importancia y algunos consejos más.

Te invito a que me envíes tus preguntas, dudas y comentarios a través de mi página en Internet: www.planeatusfinanzas.com