Amenos que uno trabaje dentro de la industria de los seguros, a la mayoría de las personas éste les parece un tema aburrido.

La gente suele asociar el concepto de un seguro con enfermedades, accidentes y desastres. Además, cuando hablamos de seguros, invariablemente nos viene a la mente la imagen gris del agente que lleva un portafolio para venderlos de puerta en puerta (es un estereotipo que, paradójicamente, no corresponde a la realidad).

Sin embargo, como mencionamos en nuestra colaboración anterior, la única forma de proteger nuestro patrimonio de problemas relacionados con situaciones que pueden resultarnos realmente catastróficas -enfermedades graves, accidentes, muertes, terremotos, inundaciones-, uno debe aprender a utilizarlos.

Una mirada a la industria

Antes de adentrarnos en los aspectos básicos sobre seguros que queremos exponer, es importante voltear nuestra mirada a esta industria para tratar de entenderla.

A pesar de ser un hombre que disfruta su labor como funcionario de una compañía de seguros, debo reconocer que buena parte de la estructura comercial de esta industria es terriblemente ineficiente. La razón: para obtener el mismo nivel de ventas, esta industria necesita 20 veces más empleados que cualquier otra.

La gran mayoría de las pólizas de seguros que existen en el mercado se venden a través de agentes que trabajan por comisión. Debido a la estructura de estas comisiones y de que existen muchos que trabajan en exclusiva para una compañía, el buscar alternativas adecuadas y encontrar las pólizas que realmente se ajustan a nuestras necesidades se hace una tarea relativamente difícil.

Sin embargo, esto no significa que los agentes no aportan valor.

Por el contrario, muchos de ellos lo hacen con creces y se constituyen en verdaderos asesores en la administración de nuestros riesgos. Yo soy una persona convencida de que la mejor forma de comprar seguros es, sin duda alguna, a través de un buen agente.

Aspectos básicos

Imaginemos que de repente alguien nos ofrece un seguro contra el riesgo de que no nos llegue a nuestro domicilio una revista a la cual estamos suscritos.

Es decir, si la revista no llega, el seguro nos rembolsaría el costo de comprarla en algún puesto de revistas. Es claro que nadie compraría este seguro, ya que el costo de una revista no es importante -el costo de tener que ir a comprarla porque no nos llegó constituye una pérdida pequeña que podemos asumir sin ningún problema-. Aunque este ejemplo puede parecer muy tonto, existen muchas personas y empresas que compran seguros igualmente inútiles.

Precauciones al contratar

Algunas pólizas que debemos evitar son las siguientes:

Pólizas que cuestan poco y cubren poco. Estos planes están actualmente muy de moda: son los que se venden a través de la tarjeta de crédito o del recibo telefónico (fijo o celular).

Muchas personas nos han dicho que han podido cobrar indemnizaciones en estos planes: Me accidenté, me hospitalizaron tres días y la aseguradora me pagó con pocos requisitos los 100 dólares diarios por hospitalización que me ofrecieron . La satisfacción de ser indemnizados es muy alta. Sin embargo, si uno considera todas esas pólizas pequeñas que ha comprado en la vida, al ver la fotografía completa, habrá terminado pagando mucho más dinero por concepto de primas.

Suelen ser coberturas muy caras (la prima es baja, porque cubren poco, pero son caros con relación a lo que sí cubren).

Además, no son riesgos grandes ni son riesgos que pueden ser catastróficos para nosotros. Esa indemnización de 100 dólares diarios no nos serviría de nada en caso de requerir una hospitalización, digamos, de un mes en terapia intensiva.

En nuestra próxima colaboración hablaremos de otras pólizas que protegen muy poco de nuestro patrimonio y descuidan otros aspectos importantes.

Te invito a que me envíes tus preguntas, dudas y comentarios a través de mi página en Internet: www.planeatusfinanzas.com