4. El crédito como una herramienta para hacer más, no menos. Demasiadas personas utilizan el crédito de manera incorrecta y lo ven como una extensión de su ingreso . Como mencioné en la segunda parte de esta serie, ésta es la manera más fácil de destruir nuestro patrimonio en lugar de construirlo.

Sin embargo, hay créditos que sí nos ayudan a hacer más. Por ejemplo, cuando lo utilizamos para la compra de maquinaria de trabajo o de material que nos permitirá tener un ingreso que pagará ese crédito. Claro, se corre un riesgo, pero para algunas personas puede valer la pena.

O bien, pocas personas serán capaces de comprar una casa sin un crédito hipotecario. Y es un bien que, por lo general (aunque no siempre), tiende a subir de valor (por lo menos a conservarlo en términos reales -es decir, tomando en cuenta la inflación).

También, para alguna persona que es muy responsable, puede ser útil adquirir un bien a mensualidades sin intereses, siempre y cuando esto no comprometa el resto de sus metas financieras y no le obligue a posponer, por ejemplo, su ahorro para el retiro.

Pero quizá estos ejemplos son los únicos en donde el uso del crédito puede realmente agregarnos valor. Desafortunadamente, muchas personas cometen errores y contratan deudas cuyo origen es una mala administración de sus recursos.

Sobre las tarjetas de crédito:

a) Mantener un saldo (una deuda) en ellas es un gravísimo error y la forma más fácil de caer en la trampa de gastar más de lo que ganamos.

Adicionalmente, los plásticos son la forma más cara que existe de crédito. La forma correcta de utilizarlas es pagar completamente nuestro saldo al corte cada mes. De esta manera, podremos obtener, además de un financiamiento gratuito (por los días que transcurren entre la fecha de compra y la fecha de pago), acceso a todos los demás beneficios que nos ofrecen las tarjetas de crédito, como programas de recompensa, seguros, etcétera.

b) Es importante que aprendamos a conocer y a usar los servicios de valor agregado que incluyen nuestras tarjetas de crédito. La gran mayoría de las personas no tiene ni idea de los seguros que están incluidos, por ejemplo. Y algunos de ellos son muy valiosos, como el de compra protegida (nos protege si nos roban o si se daña un bien que adquirimos, durante los primeros 60 o 90 días), o bien, el de garantía extendida (nos otorga protección más allá de la garantía original del fabricante), entre muchos otros.

c) Las baratas y las ventas nocturnas pueden dar un fuerte golpe a nuestro presupuesto y a la consecución de nuestras metas. La razón es porque la mayoría de la gente tiende a gastar en estos eventos mucho más de lo que en realidad planeó, o bien, tiende a comprar cosas que no necesita usando sus tarjetas de crédito. Tenemos que recordar que comprar tres pares de zapatos (que no necesitábamos o que no habíamos presupuestado) que cuestan 3,000 pesos cada uno, pero que están rebajados a 2,000 pesos el par, no significa que ahorramos 3,000 pesos en ellos. Significa que gastamos 9,000 pesos que no teníamos considerados en nuestro presupuesto. Tenemos que meternos eso en la cabeza.

Dicho esto, antes de adquirir cualquier tipo de crédito debemos conocer cómo funciona, qué tasa de interés tiene (o cómo se determina en caso de que sea una tasa variable).

Y también si tiene comisiones y seguros asociados, que también representan un incremento a nuestra mensualidad. Una herramienta sencilla de comparar es el Costo Anual Total, que incluye todos esos conceptos dentro de un solo indicador.

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