A partir del Buen Fin, en México se vive una cascada de ofertas navideñas que parece no tener límite. Por todos lados recibimos propuestas para gastar nuestro dinero (siempre con el pretexto de que dicha adquisición nos conviene en este momento): en la televisión (incluida la de paga), en los estados de cuenta bancarios, en correos electrónicos e incluso con llamadas telefónicas.

Todo se vuelve una invitación literal a gastar no sólo nuestro dinero, sino incluso el que no tenemos. Por un lado entiendo que el consumo es necesario para impulsar la economía, pero por otro lado esto genera un alto riesgo de sobreendeudamiento para muchas personas.

Desafortunadamente en México, a diferencia de otros países, difícilmente encontramos ofertas o promociones reales. La gran mayoría de ellas se limitan a las ya famosas mensualidades sin intereses, incluso hay lugares que ofrecen hasta 30 meses o más.

¿Se imaginan que dentro de dos años hay gente que todavía seguirá pagando lo que decida comprar esta Navidad? Yo no podría pensar pagar durante tanto tiempo juguetes, o ropa, o algún bien que tiene un rápido desgaste. Aun así, hay personas que hasta las botellas para celebrar la Navidad las adquirirán de esta manera; es decir: adquirirán artículos que se acabarán en una noche pero la deuda durará dos años. ¿Cómo se puede vivir así?

Evitar gastar de más

Hay muchas personas y especialistas que por todos lados están sugiriendo a las personas pensar muy bien qué es lo que van a comprar, y adquirir sólo estos bienes.

El problema es que la mente humana no funciona así. Cuando uno ve una oferta (no importando si es buena o mala), uno siempre piensa: sería bueno aprovechar y comprar ese otro artículo, total que el que tengo ya está muy viejo. O bien: si compro este otro bien y junto más recibos de compra la tienda departamental me ofrece un regalo que está muy padre o que puede servirme de algo.

Yo lo sé porque me ha pasado. Antes solía acudir a algunas ventas nocturnas para comprar los regalos de Navidad aprovechando los descuentos y las promociones (como los meses sin intereses) de la tienda departamental. El problema es que estando ahí terminé comprando alguna vez una pantalla plana a 15 meses. Lo recuerdo muy bien porque al siguiente año, en la siguiente venta nocturna, todavía la seguía pagando.

Y es que cuando está uno en ese tipo de ventas y se para a ver algún artículo que le gustaría tener, es fácil caer en la tentación. Uno divide el precio total en meses y se dice a sí mismo si hago un esfuerzo, puedo comprarlo de una vez .

Como digo: me ha sucedido, y eso que soy una persona muy disciplinada en mis compras y en mis finanzas personales. Logré pagar todo sin problemas, pero en realidad no me gustó la experiencia. Se redujo mi flujo de efectivo y con ello mi capacidad de ahorro. Además, como ya dije, al siguiente año que buscaba comprar otras cosas todavía me faltaban tres meses para terminar de pagar mi televisor. Las mensualidades habrán sido sin intereses, pero sigue siendo una deuda que hay que pagar, lo que se traduce en que ya tenemos comprometida una parte de nuestros ingresos.

Esto significa que simplemente, a menos que uno sea realmente de palo , no se puede evitar gastar de más durante este tipo de eventos. Así que desde ese momento simplemente los evito. No voy más al Buen Fin y tengo años de no pasar a una venta nocturna.

El ahorro después de la temporada navideña

Sí comparo precios y sí aprovecho ofertas, se vale, pero la experiencia me ha enseñado que los mejores precios no necesariamente están en esos días. Por el contrario: buena parte de mi ropa la compro justo después de Navidad, cuando empiezan las baratas y los precios son mucho mejores que los que se ofrecieron durante los días en que prometen tener descuentos las ventas nocturnas.

Entiendo que las tiendas quieran hacer un esfuerzo comercial para tratar de levantar sus ventas hacia final del año. No las critico: es natural que lo hagan (yo haría lo mismo). Pero no debemos perder de vista que benefician más a esas empresas que a los propios consumidores.

Si uno quiere aprovechar una oferta real, ojalá que sea para obtener un precio reducido, no para pagar en muchas mensualidades bajo el esquema de que no nos cobrarán intereses. Recordemos que no es bueno comprometer el flujo de efectivo futuro (dinero que no hemos ganado) por los siguientes dos o tres años. No creo que nada que queramos comprar merezca que hagamos ese compromiso.

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