(Segunda y última parte)

Hablamos ya en la primera parte acerca de algunas de las claves para el éxito financiero, mismas que aquí complementamos:

NUESTRA ACTITUD ?RESPECTO AL CRÉDITO

De manera muy sencilla, el crédito se puede definir como el privilegio de gastar dinero que aún no tenemos. Esto, desde luego, implica un costo muy elevado. A pesar de ello, gran parte de los ciudadanos asume un nivel de endeudamiento tal que pone en peligro su viabilidad financiera.

Algunos de los puntos que debemos tomar en cuenta para definir nuestra actitud respecto del crédito son los siguientes:

  • ¿Por qué no pagarnos a nosotros mismos, en lugar de a nuestros acreedores? Es infinitamente mejor establecer planes de ahorro e inversión para el logro de nuestros objetivos que pedir prestado, sobre todo, en el caso de bienes que se deprecian rápido.
  • El crédito es un ahorro negativo. Es decir, en lugar de ahorrar dinero, invertirlo obteniendo un interés a favor, y luego utilizarlo (gastarlo) en nuestra meta, lo hacemos al revés. Primero gastamos, a través de un crédito, generando un interés en contra nuestra, y pagamos largo tiempo por algo que ya no representa un objetivo.
  • Cuidar nuestro nivel de endeudamiento. Los expertos consideran que el individuo debe tener un nivel de endeudamiento no mayor que 5% de sus activos (excluyendo créditos hipotecarios).
  • Evitar deudas con tarjetas de crédito. Idealmente, no debemos incurrir en deudas con tarjeta de crédito. Por el contrario, éstas deben ser utilizadas como un medio de pago y de financiamiento gratuito, al cubrir el saldo total en cada corte para no generar intereses. Lamentablemente, mucha gente utiliza las tarjetas de crédito como una extensión de su ingreso: como no les alcanza, resulta muy fácil sacarlas para hacer una compra. Piensan que el pago mínimo será muy pequeño en relación con el monto utilizado. Sin embargo, esto puede llevar a un círculo en el cual, más tarde que temprano, la suma de todas las compras realizadas genera un pago mínimo bastante oneroso que se convierte en una carga importante. Adicionalmente, cuando pagamos sólo el mínimo, la deuda va disminuyendo muy poco a poco, debido a las tasas de interés tan elevadas que cargan las instituciones que las emiten.
  • Cuidar la carga de nuestras deudas. En general, el pago mensual de todas nuestras deudas (incluidas tarjetas) no debe exceder de 10% de nuestros ingresos mensuales. Si tenemos un crédito hipotecario, entonces, el pago de todas nuestras deudas (incluidas tarjetas) no debe ser mayor que 25% de nuestros ingresos mensuales.

LA PROTECCIÓN ?DE NUESTRO PATRIMONIO

Todos estamos sujetos a diversos riesgos que pueden afectar seriamente nuestro patrimonio y el de nuestra familia. Aunque no los podemos controlar, sí podemos protegernos a través de los seguros. ¿Cuáles son las claves?

  • Nuestro activo más importante es nuestra vida y nuestra capacidad de trabajar. En países desarrollados, el seguro de vida e invalidez se considera fundamental. Sin embargo, la suma asegurada que generalmente se puede contratar no alcanza para vivir toda la vida, sino, únicamente, para buscar una fuente alternativa de ingresos (que nuestro cónyuge o hijos se preparen bien y encuentren un trabajo, por ejemplo).
  • La salud es primero. Las personas cuyo nivel de ingresos les permite tener acceso a médicos y hospitales privados deben adquirir un seguro de gastos médicos mayores. Esto se debe a que, en caso de un problema delicado, que requiera de cirugía y/o hospitalización prolongada, los costos suelen elevarse demasiado y acabar con todo el patrimonio que con tanto esfuerzo hemos logrado construir.
  • Es indispensable proteger el resto de nuestros activos. En México casi nadie asegura su hogar, que es un activo sumamente valioso. Además, el costo del seguro es relativamente bajo (en muchos casos menor que lo que cuesta asegurar un automóvil). De hecho, mucha gente tampoco asegura sus coches, sobre todo cuando se adquieren de segunda mano. En ambos casos, es indispensable contratar, por lo menos, la cobertura de daños a terceros (responsabilidad civil).

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