El futuro pertenece a los que se preparan hoy para él .

Malcom X.

Las personas tenemos una tendencia permanente, irremediable y absolutamente necesaria a pronosticar.

Tratamos de anticipar nuestro futuro en nuestro trabajo, cuál será el clima, cómo se comportará el tipo de cambio de nuestra moneda, qué tendencia mostrarán las tasas de interés o cuál será la variación del precio de acciones en la Bolsa, entre otras predicciones.

Los inicios de año los encontramos llenos de intentos de prever el futuro. Particularmente en lo financiero, cientos de paneles, artículos y opiniones buscan pronosticar lo que nos espera, para así poder tomar mejores decisiones.

Pero la realidad es que tratándose de pronosticar, la mayoría de las personas somos muy malas para hacerlo. Incluso los expertos con muchísima frecuencia se equivocan.

Se han hecho seguimientos de largo plazo a recomendaciones de analistas bursátiles y, en el promedio, su eficacia es muy parecida a la que tenemos con un volado.

Pero con frecuencia ponemos más atención a los casos en los que se tiene un pronóstico acertado, sin recordar las ocasiones en que la misma persona se equivocó o no analizamos si se trató simplemente de una feliz coincidencia estadística.

Razones

¿Cuáles son las razones de que los pronósticos sean tan frecuentemente equivocados? Una: la dificultad de medir cómo se comportará en el futuro algo que depende de múltiples factores interrelacionados.

El tipo de cambio refleja en México diferenciales de inflación con Estados Unidos, pero además es afectado por el hecho de que el peso es una de las divisas de mayor intercambio en el mundo, así como por los movimientos de flujos financieros internacionales que se derivan de eventos económicos mundiales o locales. Por ello, en los pronósticos que hacen especialistas, se pueden tomar decisiones contrarias basadas en la misma información.

Otro factor lo constituyen los patrones conductuales que nos llevan a favorecer escenarios que creemos entender más o que reflejan más nuestras preferencias que lo que la información disponible nos muestra.

Se han realizado proyectos (como el organizado por IARPA en Estados Unidos) en los que grandes grupos de expertos pronostican sobre diversos temas y se mide después su precisión.

Se ha ratificado la frecuencia de errores, pero también se ha encontrado a quienes son consistentemente capaces de superar los promedios de precisión, y una de las condiciones que los distinguen es la ausencia de un exagerado sentido de sobreconfianza en lo que creen que saben.

En nuestra vida cotidiana y, en particular, en la planeación financiera personal y familiar, hacemos permanentemente predicciones y suposiciones explícitas o implícitas acerca del futuro. Por ello es importante entender lo que nuestras acciones y decisiones (o la falta de ellas) implican.

Puedo suponer que este año tendré un aumento de sueldo y planear mis gastos como si ello fuese cierto, pero si me equivoco podré haber asumido compromisos financieros que no podré solventar. Si no contrato un seguro de gastos médicos implícitamente estoy suponiendo que no lo necesitaré en el futuro. Si no preveo la educación de mis hijos o mi retiro, implícitamente supongo que en el futuro tendré condiciones que me permitan enfrentar esos temas.

Ahorrar para invertir

Al tomar decisiones de inversión lo primordial es efectivamente ahorrar para invertir; en la decisión de qué instrumentos usar, debemos recordar que las condiciones del entorno nos obligan a planear teniendo en mente que los pronósticos pueden estar equivocados, pero que podemos disminuir la posibilidad de error evitando una confianza irracional y sin análisis, en que nuestras predicciones más favorables se verán cumplidas.

Lo fundamental es entender que las cosas más importantes de nuestro futuro las construimos como una sucesión de acciones en nuestro presente.

*El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter: [email protected]