Probablemente nuestra única ?esperanza sea terminar con los ?arrepentimientos adecuados . ?Arthur Miller?

Con frecuencia tomamos decisiones de las cuales tememos arrepentirnos después. Usualmente percibimos el arrepentimiento como una consecuencia negativa de no meditar nuestros actos y, tratándose de temas financieros, lo vemos como el resultado de no actuar de la forma en que sabemos que más nos conviene.

Pero ¿el arrepentimiento tiene alguna utilidad concreta en términos de nuestra conducta financiera o como consumidores? De acuerdo con los investigadores Marcel Zeelenberg y Rik Pieters de la Universidad de Tilburg en Holanda, los seres humanos (salvo algunos masoquistas excepcionales) tenemos aversión al arrepentimiento, y es esa aversión la que nos impulsa a meditar las decisiones cuyas consecuencias pueden tener un mayor potencial de arrepentimiento posterior.

El arrepentimiento provoca, incluso, que habiéndose tomado la decisión equivocada, busquemos realizar acciones mitigantes para reducir los impactos negativos que se presenten. Piense, por ejemplo, en la ocasión en que compró algo que excedía su presupuesto y, por arrepentimiento (o el más castellano remordimiento), las siguientes semanas mantuvo una conducta de ahorro ejemplar. O cuando, después de comerse un postre de 1,000 calorías, estuvo una hora en la caminadora corriendo como hámster para mitigar la culpa.

El arrepentimiento o remordimiento nos ayuda, como una voz interior, a recordar el potencial negativo de una mala decisión o nos aconseja qué hacer una vez que la mala decisión ya fue tomada. Evidentemente, como en muchos otros ejemplos de conducta, las personas actuamos de forma diferenciada de acuerdo con nuestra personalidad, nuestra historia y evolución personal. Por ello, para algunos, la voz del arrepentimiento puede ser muy fuerte y para otros puede pasar desapercibida.

Adicionalmente, la percepción sobre el arrepentimiento que recordamos haber tenido sobre decisiones en el pasado se convierte en un nuevo elemento que condiciona las decisiones presentes. Ello puede apoyar como experiencia para no equivocarnos en nuestras nuevas decisiones, pero también puede generar un obstáculo que nos impida ver con claridad si las condiciones o el contexto de una decisión que tomamos en el pasado ha cambiado, impidiéndonos aprovechar nuevas oportunidades.

En el libro Decision making, Irving Lester Janis y Leon Mann indican que los casos en que más se presenta el potencial arrepentimiento antes de la decisión son: 1) cuando las diferencias de resultado entre una y otra decisión no son muy claras. Si no tengo un beneficio muy evidente que ganar, el potencial de arrepentimiento en la decisión pesará más, 2) cuando las consecuencias de una decisión negativa tiendan a presentarse en el corto plazo, 3) cuando otras personas están al tanto de la decisión y existe una posible presión social sobre el resultado adverso de lo que haya decidido y 4) cuando sea probable que después de tomada la decisión se presente nueva información que potencialmente haga más claros los beneficios o desventajas de tomar la decisión.

¿Qué utilidad obtenemos del remordimiento?

Para poder usar el arrepentimiento en nuestro favor, lo primero es comprender que ésta es una emoción humana y natural. El error genera, en ocasiones, arrepentimiento y el error está siempre presente en la actividad humana. Los únicos que no se equivocan son los que no hacen nada.

El arrepentimiento no es una emoción o sesgo de decisión mala en sí misma, a menos que, como cualquier emoción en exceso, se vuelva incapacitante. Si soy adverso al riesgo en mis inversiones y eso lo llevo al extremo, pronto no querré tener ni siquiera una cuenta de ahorro por temor a que el banco quiebre. En términos financieros, la sensación de potencial arrepentimiento que tenemos antes de tomar una decisión es un indicativo de que la decisión es relevante, que algo en el pasado me dice que existe un riesgo alto. Por ello es un semáforo que me debe llevar a analizar y tomar la decisión con detenimiento.?

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en economía conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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