La economía conductual estudia dos grandes conjuntos de temas. Analiza desde diversos ángulos la forma en que las personas toman decisiones de índole económica y financiera a partir de razonamientos o premisas no necesariamente vinculadas con la racionalidad económica que supone la teoría clásica.

También analiza cómo opera una racionalidad de maximización económica en temas no directamente relacionados con aspectos económicos y financieros.

En esta segunda vertiente, existen estudios novedosos sobre temas que abarcan desde la verdadera rentabilidad del narcomenudeo (Gordon Levitt), hasta el proceso de selección en citas amorosas (Dan Ariely).

En este grupo de estudios se inscriben cientos de investigaciones sobre la honestidad de las personas, que tratan de responder si la gente es inherentemente deshonesta o no. En principio, existe una idea económica básica: las personas y las sociedades somos honestas porque tememos más a las consecuencias de la deshonestidad –por ejemplo, el castigo por la conducta como la cárcel y el señalamiento social de ser deshonesto- de lo que percibimos que podemos obtener como beneficio. La deshonestidad se presenta cuando el señalamiento social a quienes así se conducen no se percibe como relevante.

Seguramente podemos encontrar en México elementos que apoyan esta visión: la impunidad legal favorece que no se castigue a quienes cometen un acto ilícito y existe una preocupante tendencia a ver como normales y casi aceptables ciertos niveles de deshonestidad, como si realmente fueran parte de la cultura nacional, en esta obsesiva visión por encontrarnos diferentes. Ello, evidentemente influye en los niveles de delincuencia. Pero ¿qué pasa cuando hablamos de deshonestidad institucional? La que se presenta al interior de empresas, gobiernos, sindicatos o partidos políticos.

En principio, de acuerdo con diversos estudios, aplican los mismos factores, pero se ven además incrementados por uno adicional: el anonimato que permite pasar desapercibido dentro de un grupo, o el reparto de la responsabilidad entre un grupo por la conducta deshonesta, que disminuye el efecto de remordimiento.

El efecto negativo que puede tener la conducta deshonesta en una persona se reduce también al justificarse porque los demás miembros de su grupo también incurren en la conducta: Si los demás lo hacen, significa que no es tan malo .

Adicionalmente, de acuerdo con el investigador holandés Eddy Cardinaels, la ausencia de mecanismos formales y establecidos de auditoría, junto con el riesgo de castigo o el señalamiento social, es un elemento central para reducir el riesgo de conductas deshonestas en las instituciones. Tratándose de empresas y gobiernos, la falta de estos mecanismos tiene una incidencia directa en la honestidad o deshonestidad que se presente. Es importante que las sociedades establezcan mecanismos institucionales formales, simples y eficientes de auditoría de las actividades de los gobiernos, los sindicatos y las empresas.

Me encuentro en Londres y después de leer los periódicos, platicar con las personas en la calle, ver las noticias por TV, no creo que se trate de una cultura esencialmente más honesta que, por ejemplo, la de nuestro país. Simplemente se trata de una sociedad que ha podido incrementar el riesgo de actuar deshonestamente con normas que se aplican siempre, y que logró institucionalizar mecanismos de auditoría y vigilancia del quehacer público de empresas y gobierno, que permiten incrementar el riesgo de que la conducta deshonesta sea descubierta y castigada, disminuyendo la posibilidad de que los miembros del grupo se encubran o protejan.

Los temas públicos los vemos lejanos y distantes de, por ejemplo, cómo puedo hacer para crecer mi patrimonio personal. Pero ello no es así. Una actuación honesta de empresas y gobiernos disminuiría el riesgo de fraudes de empresas en contra de pequeños ahorradores y haría mucho más difícil que las empresas tomaran decisiones que afectan el patrimonio de sus clientes, sin temor real a ser castigados.

Necesitamos un marco que permita que nuestro trabajo y esfuerzo personal se vea recompensado, sin el riesgo de que la conducta de alguien los ponga en peligro.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en Economía Conductual. ?Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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