Nuestra humanidad descansa en una serie de conductas aprendidas, entrelazadas en patrones infinitamente frágiles.

Margaret Mead, antropóloga estadounidense

El concepto de fragilidad financiera se ha utilizado en diversos estudios para hablar de la capacidad que tienen las familias -como unidades económicas- para enfrentar contingencias financieras que afecten ya sea su capacidad de generación de ingresos o el nivel coyuntural de su gasto.

Dado lo amplio del concepto, resulta en ocasiones difícil establecer una métrica específica que nos ayude a determinar cuál es el nivel concreto de fragilidad financiera potencial de cada familia.

En el estudio titulado Financially Fragile Households: Evidence and Implications , publicado por Annamaria Lusardi, Daniel J. Schneider y Peter Tufano, se buscó precisar este concepto a partir de datos de la Encuesta de Crisis Económica Global realizada en el 2009.

Se utilizó como referencia la capacidad individual de las familias encuestadas para obtener 2,000 dólares en un lapso de 30 días, y simular así una contingencia financiera que provocara la necesidad de contar con esos recursos en un plazo relativamente breve.

A partir de dicho ejercicio, se analizaron los mecanismos que utilizan las familias para hacer frente a las contingencias financieras.

De acuerdo al estudio, aun cuando muchos de los modelos microeconómicos existentes parten del supuesto de que las personas, particularmente las que presentan un alto nivel de aversión al riesgo, procuran acumular ahorro o activos para enfrentar choques financieros imprevistos, aun tratándose de personas con baja tolerancia al riesgo, es poco frecuente la creación de fondos de emergencia financiera en las familias (incluyendo aquellas que perteneciendo sectores medios podrían potencialmente contar con la capacidad para crearlos).

Conozca dónde está ?su fragilidad financiera

Entender el nivel de fragilidad financiera de nuestra propia familia puede ser un asunto de extrema relevancia; reconocerla nos permitiría, con anticipación, crear condiciones para disminuirla y estar en mejores posibilidades de enfrentar contingencias financieras.

Dado que con frecuencia las emergencias financieras tienen una correlación en su dimensión con el nivel de ingresos de cada familia, un ejercicio útil es preguntarse qué ocurriría si de manera súbita la familia tuviera que enfrentar una obligación financiera del equivalente a un mes y medio de ingreso mensual.

Piense por ejemplo en el escenario de un problema médico que, aun cuando se cuente con un seguro de gastos médicos, podría generar obligaciones de corto plazo. O la pérdida de empleo en la que tendríamos que solventar los gastos de los siguientes dos meses sin ingreso recurrente.

Ahora, analice cuáles serían los mecanismos para atender esa condición temporal financiera: ¿cuenta con un fondo de emergencia, líneas de crédito temporales o financiamiento de corto plazo a tasas razonables? ¿Cuenta con mecanismos familiares para la obtención de recursos de corto plazo?

Por el otro lado analice también cuáles son las obligaciones de pago que ante una contingencia por ningún motivo puede dejar de cubrir: la renta, la colegiatura o la alimentación, por ejemplo. Y cuáles son los gastos que podría reducir o modificar con afectaciones no graves a su nivel de vida actual en temas como recreación, planes de televisión por cable, membresías u otros gastos similares.

La reflexión es importante

Este ejercicio es útil para ayudarnos a visualizar de qué tamaño es nuestra fragilidad financiera familiar y, simultáneamente, servir como reflexión sobre las características del gasto de la familia para pensar en la posibilidad de una racionalización del mismo y obtener un mayor margen de maniobra financiera.

Hoy, en distintos campos, se estudia el concepto de resiliencia como la capacidad que tiene un sistema (por ejemplo, una familia) para reponerse frente un desequilibrio coyuntural catastrófico. Para una familia, su resiliencia estará dada en gran medida por la capacidad que tenga para enfrentar choques coyunturales que en la actualidad, desafortunadamente, son cada vez más frecuentes.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter: [email protected]