Una persona es una persona, sin importar qué tan pequeña sea . ?Dr. Seuss.

Todos los padres de familia queremos, o por lo menos eso decimos, ayudar a la formación de una cultura de ahorro en nuestros hijos. Consideramos que si logramos inculcar prácticas relacionadas con el ahorro, podremos incrementar la posibilidad de que ellos, al alcanzar la edad adulta, podrán repetir esos patrones.

Esta premisa enfrenta varios obstáculos que debemos tomar en consideración para poder incidir de forma efectiva en su conducta financiera futura.

En primer término, de acuerdo con muchos estudios realizados, existe evidencia de que ciertas conductas que observamos en nuestros hijos, que generalmente atribuimos al ejemplo, tienen una fuerte dosis de explicación en la herencia.

Gordon Levitt, economista estadounidense, afirma que la creencia de que el hábito de la lectura se transmite por el ejemplo de padres lectores hacia sus hijos, no es del todo correcta.

Hoy hay evidencia de que ese hábito se vincula más con ciertas características de personalidad y de conducta que nos hacen lectores, las cuales son heredadas genéticamente a nuestros hijos.

Lo mismo ocurre con ciertos elementos de nuestra personalidad que nos hacen más o menos proclives hacia el ahorro y la previsión.

Esto es, las personas cuya conducta es previsora, transmitirán por herencia esa tendencia a sus hijos, pero quienes tienen una personalidad poco previsora, marcadamente orientada a obtener satisfacciones de corto plazo, van a transmitir esos rasgos a sus hijos y por ello tendrán que luchar más para autocrearse una disciplina de previsión.

Ésta no debe ser entendida como una visión fatalista, es simplemente realista. Si creemos que ciertos talentos se heredan, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo reconocer que otros aspectos de nuestra conducta también lo son?

El reconocer esto nos obliga entonces a pensar que debemos ser más explícitos en la educación financiera de nuestros hijos.

Existe además una serie de elementos del entorno contemporáneo que hacen que sea menos claro para nuestros hijos entender el valor del dinero. De acuerdo con investigaciones realizadas por la asociación de bancos de Estados Unidos, el tema de la forma en que hoy podemos acceder al dinero es un factor de confusión financiera para nuestros hijos. Una de estas fuentes deriva por ejemplo del uso de cajeros automáticos.

Para un niño pequeño, ver a su padre llegar a un cajero, teclear y obtener billetes es casi un acto de magia. Es frecuente oír a un niño pedir que saquemos dinero del cajero ante la negativa a comprarle algo.

No existe ningún elemento que ayude al niño a entender que ese dinero no es gratis y que se vincula con la actividad cotidiana de trabajo que sus padres realizan.

El uso de las tarjetas de crédito es también una potencial fuente de confusión. Para un niño podría parecer que se trata de una fuente mágica e ilimitada de recursos para la compra.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA DISMINUIR ESTA CONFUSIÓN?

Debemos en principio reconocer que si mi personalidad como padre es despilfarradora, deberé luchar doblemente para formar un buen hábito de ahorro en mis hijos, porque lucharán contra mi mal ejemplo, pero sobre todo lucharán contra mis genes.

Debemos además dejar de pensar que los niños son una especie de adultos limitados de entendimiento. Tienen una racionalidad distinta, más lineal y directa que la que desarrollamos con la edad, pero son capaces de entender temas complejos si los explicamos claramente y con frecuencia.

Por ello es importante que compartamos con nuestros hijos la idea de que la vida familiar está sujeta a un presupuesto y que todo lo que compramos viene de y se limita a ese presupuesto. Evidentemente debemos explicarlo de una forma sencilla y así dejar claro que el dinero del que dispongo en un cajero o mediante una tarjeta bancaria forman parte de ese ingreso familiar.

El entorno económico futuro para nuestros hijos, que será seguramente muy complejo, nos obliga a educarlos con todos los elementos y el conocimiento que hoy tenemos a nuestro alcance.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en economía conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.