Muchas personas tenemos la inquietud de dejar de ser empleados y poner un negocio propio. Personalmente pienso que puede ser una buena decisión para nuestra vida, pero como siempre digo: hay que hacerlo con inteligencia.

Poner un negocio es la inversión más peligrosa que podemos hacer pero, a la vez, puede darnos grandes recompensas. Es preciso comprender que tomar riesgos no es malo, pero implica que tenemos que estar conscientes de éstos y hacer lo que esté en nuestras manos para minimizarlos, es decir, actuar de manera inteligente.

Hay una gran diferencia entre dar un salto al vacío, a ciegas y sin saber lo que hay abajo que hacerlo en un bungee en el mar, atados y conscientes de que tenemos todo en nuestro favor para que se convierta en una experiencia maravillosa. Desde luego, en ambos casos, hay que atreverse a saltar pero el riesgo es muy distinto.

EL ÉXITO NO ESTÁ EN LA IDEA, SINO EN EL MODELO

Hay personas con ideas realmente maravillosas y que bien implementadas tienen una gran posibilidad de éxito. No me queda la menor duda.

Sin embargo, muchas veces olvidamos que la idea es apenas eso. No es suficiente para dar el salto, porque seguramente nos vamos a golpear y fuerte.

Tenemos que recordar que un negocio es todo un sistema. No me refiero a sistemas de cómputo, sino a procesos y metodologías: a como éste funcionará. Dicho de otra manera, la forma como vamos a implementar nuestra idea.

El potencial del resultado de un negocio está en el modelo, no tanto en la idea. Claro que si juntamos un buen prototipo con una gran idea, el éxito puede ser enorme.

Sé que muchas personas cuestionarán lo que acabo de escribir y dirán: Mi idea es tan maravillosa que no puede fallar , a las pruebas me remito.

Si uno va con un inversionista (un hombre de negocios, con éxitos probados) y le cuenta su maravillosa idea, difícilmente estará interesado en asociarse. Él considerará que se trata de una idea sin sustento, pero si uno le expone el modelo de negocio y éste tiene sentido, es posible que quiera participar -a pesar de que la idea no sea tan grande-, es decir, un inversionista nos compra el modelo de negocio. La idea es como la cereza que adorna el pastel: la parte final de la venta. Ellos ?actúan así por una razón.

LA PIEZA CENTRAL: ?UN PLAN DE NEGOCIOS

Poner un negocio propio implica una gran cantidad de variables, muchas de las cuales no podemos controlar. Pero sí tenemos que conocerlas y tomarlas en cuenta.

Siempre he hablado en este espacio de lo importante que es la planeación financiera personal. Uno difícilmente se subiría a un barco que no sabe de dónde saldrá ni a qué puerto llegará, mucho menos qué ruta tomará. Si uno deja que lo guíen las olas no llegará a su destino. De la misma manera, en los negocios debemos tener un plan, lo cual es un paso hacia el éxito.

  • ¿Tenemos definido cuál es nuestro mercado objetivo?
  • ¿Cuáles son nuestros costos fijos ?y variables?
  • ¿Cuántas unidades tenemos que vender para lograr el punto de equilibrio? O ¿Cuántos servicios tenemos que proporcionar para ello?
  • ¿En cuánto tiempo pensamos llegar a ese punto de equilibrio?
  • ¿Hemos hecho alguna investigación o estudio de mercado para ver si la gente realmente nos comprará lo que vendemos?
  • ¿Cuál será nuestra política de precios?
  • ¿Cuál es nuestra competencia?
  • ¿Cómo pensamos que nuestros opositores reaccionarán?
  • ¿Qué haremos si las cosas no se dan como pensamos?
  • ¿Hasta dónde estaremos dispuestos ?a aguantar?

Todas éstas son apenas algunas de las preguntas que tenemos que contestarnos por escrito en nuestro plan de negocios.

Pero lo más importante de este proyecto es hacer o simular los estados financieros: ¿cómo se verían los números de nuestro negocio en los distintos escenarios que estamos planteando? Ahí es donde se ve claramente nuestra rentabilidad o incluso la vulnerabilidad de nuestro modelo.

Y ¿dónde podemos hacer todos los ajustes al mismo antes de ponerlo en práctica?

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