El mercado los llama mission shoppers (los compradores en misión) y forman parte de los consumidores de la era posrecesión y su arma más importante es la información.

Este tipo de clientes son la pesadilla de las tiendas departamentales en Estados Unidos, ya que se aseguran de obtener el mejor precio y ya no se detienen a escanear la tienda en busca de algo más para llevarse.

Entran como comando en misión de guerra y salen en minutos sin gastar nada fuera de lo planeado, reduciendo los márgenes de las tiendas y las ventas de productos con un precio por encima de la competencia.

Los estudiosos de Mercadotecnia saben muy bien que nuestras compras no son siempre las más racionales, consensuadas ni en atención directa a necesidades por satisfacer, y obedecen en muchos casos a impulsos del momento, del corazón y del si me alcanza.

La vida diaria está llena de compritas pequeñas, no planeadas que al final de cuentas suman grandes cantidades y que, por lo general, salen de nuestra planeación financiera por enfocarnos más en las compras importantes: como un auto, una lavadora, un refrigerador, una computadora, etcétera.

Aislar el componente impulsivo es muy complicado, pero al final de cuentas vale la pena informarse para evitar el remordimiento del comprador, esa sensación de que nos dirigimos como el Costa Concordia a encallar financieramente sólo por demostrar que todo está bajo control, comprando impulsivamente ese despampanante televisor de 60 pulgadas. Un buen atajo para evitar esta situación es:

Comprar sólo si hay efectivo para hacerlo; esto no te hace un ahorrador compulsivo para pagar tus compras compulsivas. Si la compra es a crédito, se debe contar con un plan para pagar la deuda sin recurrir a los pagos mínimos y tratar, en lo posible, de ser totalero.

Si es a meses sin intereses, que esas mensualidades no te corten tu capacidad de decisión (libertad) financiera.

¿Y la inversión?

Las inversiones también sufren de las emociones, como también padecen las personas que las realizan.

Se junta un ahorro y lo invertimos ansiosamente en espera de que éste se triplique en cuestión de días y generalmente nos decepciona lo que hemos ganado, peor aún, recurrimos al autorrobo tomando de lo invertido para satisfacer la compra del televisor de 60 pulgadas, dejando a un lado la planeación para el futuro y la maduración de las estrategias de inversión, Roma no se hizo en un día , pero tampoco se destruyó en uno, por lo que si eres de los que rompe el cochinito seguramente aún estás a tiempo de cambiar tus hábitos. Esos nada buenos hábitos.

Hablando de fondos de inversión para lograr la mayor satisfacción en este tipo de inversiones, se debe buscar siempre un traje a la medida que se ajuste con nuestras metas de inversión y con nuestro tiempo disponible.

Al igual que un producto, llenar de preguntas a tu asesor financiero es la mejor arma para escoger.

Durante la vida de tu inversión, lo ideal es mantener contacto permanente con el asesor que te deberá guiar para migrar o mantenerte entre fondos, según mejor te convenga.

*Con información de: Bloomberg Businessweek. Associate Planeación Estratégica/ Asse  Management y Fiduciario BBVA Bancomer