A diferencia de lo que muchos de nosotros podemos pensar, estudios a nivel internacional han demostrado que nuestro nivel de inteligencia, conocido como IQ (Coeficiente Intelectual), tiene muy poco que ver con la cantidad de nuestro patrimonio. De hecho, demasiada gente que cuenta con un nivel de inteligencia por arriba del promedio, aunque tienen la habilidad de obtener mayores ingresos, no existe una relación entre la misma y el nivel de patrimonio que logran amasar.

Para muchas personas, como cualquiera de nosotros, esto es reconfortante. Es decir, la gente realmente inteligente comete también muchos errores significativos en el manejo de su dinero. Hay muchas teorías por las cuales eso sucede, una de las cuales puede ser que esa inteligencia puede traducirse, por ejemplo, en demasiado conservadurismo. Otra, más reciente, hace mención de que la gente que más éxito tiene no necesariamente es la más inteligente, sino la que ha desarrollado inteligencia emocional.

Exploremos algunas características importantes de quienes logran no sólo controlar sus emociones, sino aprovecharlas para lograr más:

Transforman sus fracasos en éxitos. Muchos millonarios exitosos comenzaron fracasando severamente. Muchos de ellos valoran esos tropiezos porque reconocen que, gracias a ellos y a que pudieron levantarse, generaron experiencia valiosa.

Crean sus propias reglas. Mucha gente que logra amasar un patrimonio considerable no fue la más brillante en la escuela. Son personas creativas y sobre todo muy inquietas. Entienden cómo es la vida y huyen de las estructuras. Rompen esquemas tradicionales tales como eso no puede hacerse, nunca nadie lo ha hecho , para transformarlos en el que nadie lo haya hecho no significa que no puede hacerse .

Trabajan en equipo y sinergizan. Las personas verdaderamente exitosas son las que trabajan con los demás y saben rodearse de gente mejor que ellos mismos: de personas más inteligentes. Crean sinergias y por lo tanto logran mucho más de lo que podrían realizar de manera independiente.

Comienzan con un fin en mente. Saben muy bien de dónde vienen y a dónde quieren ir. Valoran la independencia financiera no como un medio para gastar y vivir bonito , sino como la capacidad de lograr más y de no depender de la falta de liquidez para tomar sus decisiones de vida.

Conocen el riesgo y lo manejan en su favor. Las personas con un alto IQ suelen huir de los riesgos y acostumbran protegerse excesivamente. Por el contrario, las personas con inteligencia emocional aprenden a manejar el riesgo: invierten cuando los demás huyen –y por lo tanto obtienen verdaderas gangas– y venden cuando todos están dispuestos a comprar, tomando entonces sus utilidades.

Son modestos. Saben que el éxito es producto de su talento para usar los talentos de otros en labores que beneficien al grupo. Reconocen sus limitaciones, pero también saben de sus habilidades innatas. No tratan de aparentar más de lo que son, simplemente porque no lo necesitan; saben perfectamente bien quienes son.

Viven por debajo de sus posibilidades. Ésta es quizá la parte más importante. Son personas que, como logran controlar sus emociones y usarlas en su favor, saben que no buscan un estilo de vida per se. Logran construir su patrimonio usando la receta de la abuela: viviendo por debajo de sus posibilidades, ahorrando e invirtiendo sus excedentes. Suelen pagarse primero a sí mismos con disciplina y van construyendo lo que en el futuro les permitirá obtener el mayor logro con el que soñaron.

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