El divorcio es la tragedia humana ?que con frecuencia se reduce ?a una cuestión de efectivo . Rita Mae Brown.

Es frecuente hablar de los cambios socio-demográficos y culturales significativos que se han presentado en el mundo y en nuestro país en las últimas décadas; sin embargo, pocas veces analizamos las implicaciones directas e indirectas que estos cambios tienen para los individuos y las familias, en particular para sus finanzas y patrimonio.

Pongamos de ejemplo el tema del matrimonio y su fenómeno asociado, el divorcio, respecto al cual se han presentado cambios de relevancia en cuanto a su frecuencia, características y a la manera en que impacta la creación de patrimonios individuales y familiares.

Por un lado, la tasa de nupcialidad se ha reducido ya que los matrimonios totales en México pasaron de 707,000 en el año 2000 a 589,000 en el 2008. Una reducción de casi 17% en ocho años.

Por lo que se refiere a los divorcios, de acuerdo con datos del INEGI, el número de divorcios por cada 100 matrimonios pasó de 4.4 en 1980, a 15.1 en el 2010. Casi se ha cuadruplicado la tasa en 30 años. Qué tanto se acelerará o mantendrá esta tendencia es difícil de asegurar, pero existe la referencia de que en Estados Unidos, hoy, la probabilidad de que un matrimonio termine en divorcio es cercana a 50 por ciento. Estamos inmersos en una sociedad en la que el divorcio es más frecuente y nuestros hijos enfrentarán un panorama con este fenómeno aún más acentuado.

Pero, ¿por qué este dato es relevante en términos de nuestras finanzas personales? Porque el estatus marital, el número de matrimonios que tendremos, la duración de los mismos, tienen impacto directo e indirecto en la forma en la que creamos el patrimonio futuro.

¿Patrimonio familiar?

Pensemos en el ahorro que hacen las familias para el retiro. En la mayoría de los casos, hasta la fecha, los recursos ahorrados para la vejez se conforman mediante la creación de un patrimonio familiar que incluye bienes raíces, seguros de retiro, prestaciones de empresa o ahorro personal.

Si pensamos que la edad promedio del divorcio para las mujeres en México es de poco mas de 35 años, mientras que en el caso de los hombres es de cerca de 40 años, pero que al mismo tiempo, aproximadamente una quinta parte de los divorcios se dan en matrimonios con más de 16 años de casados, estaremos en presencia cada vez más frecuente de casos en los que una parte importante del ahorro provisional que se hubiera podido realizar para la familia estará a nombre de uno solo de los cónyuges, mientras el otro quedará total o parcialmente fuera la protección de esa previsión económica para el retiro. Ello comprometerá gravemente su posibilidad de enfrentar su vejez con ingresos mínimos para asegurar una vida digna, ya que los acuerdos de separación, con frecuencia sólo atienden el tema de la manutención de los hijos mientras están en etapa escolar.

Aún si se diera una división de los bienes ahorrados, el tema es complejo porque un ahorro patrimonial para el retiro, tratándose de una pareja, es proporcionalmente menor al que se requeriría constituir para dos personas, dos individuos, que vivirán separadamente. Los gastos comunes como los asociados a vivienda, pago de ciertos servicios e incluso (por economías de escala) algunos gastos de alimentación son menores cuando se trata de una pareja.

Si hoy como adultos no estamos financiera y culturalmente preparados para reconocer y padecer esta posibilidad, nuestros hijos tampoco lo estarán. Por ello, debemos hablar del tema con nuestros hijos e hijas, porque será de vital importancia que consideren a muy temprana edad la realización de un ahorro para el retiro individual. Entendiendo que nuestros hijos tendrán una probabilidad mayor de enfrentar un divorcio, matrimonios múltiples con hijos en matrimonios diferentes, entenderemos que es preferible enseñarlos a planear con mayor prudencia.

*El autor es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Su Twitter es @martinezsolares

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