En recientes colaboraciones hemos hablado de amplitud en términos monetarios: no debemos comprar seguros para protegernos de pérdidas pequeñas; los seguros son para cubrir pérdidas potencialmente grandes y catastróficas para nuestras finanzas.

En esta colaboración abordaremos con amplitud términos cualitativos acerca de la cobertura que necesitamos comprar. Desafortunadamente, al igual que las personas que se preocupan por cubrirse contra pérdidas pequeñas; existen otras que se preocupan por cubrirse contra ciertos riesgos y compran una cobertura muy específica para ellos, descuidando una serie de eventos potencialmente más dañinos. Desafortunadamente, el número de quienes no cuentan con la cobertura adecuada, en términos cualitativos, también es asombrosamente alto.

Tomemos por ejemplo a quien en lugar de contar con un seguro de vida completo, se aseguran en el aeropuerto cada vez que van a abordar un avión.

Si fallecen en el vuelo, desde luego que sus beneficiarios pueden cobrar la póliza, pero si lo hacen por alguna enfermedad o algún accidente automovilístico, lo cual es bastante más probable, sus beneficiarios no verán un solo peso.

El equivalente médico del seguro de vida por accidente aéreo es el seguro contra el cáncer. La gente preocupada por perder sus ahorros de la vida al enfrascarse en una lucha larga con esta enfermedad difícil, son presa fácil de los agentes de tarjetas de crédito que les venden esta cobertura limitada.

Desde luego: si uno contrae cáncer, uno podría ser indemnizado bajo los términos de la póliza. Pero ¿qué pasa si en lugar de cáncer uno contrae diabetes, algún infarto, o alguna otra enfermedad? El seguro contra el cáncer no pagará estos costos.

Podemos no tener control de todas las emociones que nuestros miedos nos provocan, sin embargo, debemos ignorarlas para poder tomar decisiones racionales con respecto a los seguros (y nuestra protección en general).

Sin embargo, no tenemos forma de predecir qué es lo que nos podría pasar.

Por lo tanto, debemos aspirar a comprar la cobertura más amplia posible con nuestro dinero.

Actitud ante el riesgo

Lo que hemos expuesto nos trae a la mente una reflexión que vale la pena compartir con nuestros lectores, acerca de nuestra actitud ante el riesgo.

Lamentablemente, no todos tenemos la misma forma de ver el riesgo y de reaccionar ante él. Aunque el riesgo siempre está presente en nuestras vidas, de una u otra forma, unos tienen mucho más miedo de él que otros.

Un miedo excesivo, una gran aversión al riesgo puede no sólo provocar que contemos con una cobertura muy limitada o no adecuada a nuestras necesidades.

También puede hacernos perder muchas oportunidades. Mucha gente prefiere tener su dinero en el banco, obteniendo rendimientos inferiores a la inflación, viendo a su dinero perder poder adquisitivo, porque se les garantiza dicha tasa de interés, en lugar de tenerlo invertido en instrumentos que puedan ofrecer beneficios potenciales mucho mayores.

Por otro lado, cuando uno aprende a conocer los riesgos y aprende estrategias para administrarlos, puede manejarlos en su favor. De esta forma, uno puede ganar mucho: una visión mucho más objetiva de los peligros potenciales, lo cual nos da acceso a mejores oportunidades.

En inversiones, por ejemplo, podemos tomar en cuenta una serie de instrumentos que antes no considerábamos, y podemos aprender a diversificar nuestro riesgo de forma adecuada a nuestras necesidades.

Con respecto a la protección de nuestro patrimonio, podemos analizar un portafolio más grande, para encontrar aquella que realmente se adapta a nosotros.

Te invito a que me envíes tus preguntas, dudas y comentarios a través de mi página en Internet: www.planeatusfinanzas.com