En México existe un temor generalizado de invertir en Bolsa. Es más, cada vez que a una persona le ofrecen algún instrumento de inversión, lo primero que pide es que no haya riesgo. No existe inversión sin riesgo.

¿Qué es el riesgo?

La gente percibe que el riesgo es la posibilidad de perder todo o una parte de su dinero. Sin embargo, ésta es sólo una de sus aristas. En inversiones, riesgo significa la posibilidad de variación en el valor esperado de nuestro portafolio.

Por ejemplo: si uno invierte en un instrumento de deuda que paga tasa fija y es a corto plazo, el riesgo es poco: al final del plazo uno espera recuperar su dinero más un interés determinado.

Para que valga la pena, el interés que recibimos debería ser mayor a la inflación que hubo en el periodo; de lo contrario, nuestro dinero perdería parte de su poder de compra. Sin embargo, muchas veces sucede todo lo contrario.

Mucha gente piensa que invertir en un banco no tiene riesgos. Pero, casi siempre, éstos pagan tasas de interés por debajo de la inflación, por lo cual, aunque tenemos la ilusión de recibir intereses, el valor de nuestro dinero baja en lugar de subir.

Con el tiempo, se pierde poder de compra. Es decir, no hay riesgo de pérdida: hay certeza de que esto va a ocurrir.

También existe la posibilidad de que el emisor de dicho instrumento no nos pague. La tasa de interés que recibimos debería considerar este riesgo.

Por el contrario, cuando uno invierte en acciones, uno está comprando una parte de una empresa. Por lo cual, uno participa de las utilidades que esa empresa genera, uno forma parte del plan de negocios: si a esa empresa le va bien, esto se verá reflejado en nuestra inversión.

Claro, también existe la posibilidad de que esa empresa quiebre y, por lo tanto, perdamos parte de nuestro dinero (aunque no todo, ya que una empresa siempre tiene activos que se pueden liquidar). La realidad es que la gran mayoría de las empresas que cotizan en Bolsa son sólidas.

A veces tienden a fusionarse o venderse pero pocas son las que quiebran. Su situación financiera es pública y cada día se hace más transparente con la regulación que día a día tratan de emitir los gobiernos para proteger a los pequeños accionistas. Por lo cual, uno puede saber en todo momento cómo le va a cada empresa en la cual ha decidido invertir.

Si uno no tiene tiempo de estar analizando estados financieros de empresas o leyendo reportes de las casas de Bolsa, existen los fondos de inversión. Dentro de ellos, hay los que invierten en una composición similar al índice de la Bolsa, por lo que dar seguimiento a nuestra inversión es muy sencillo: basta con dar seguimiento al índice.

Lo que sucede con la Bolsa es que esas acciones se cotizan todos los días y reflejan una situación de mercado: de oferta y demanda.

Si existe nerviosismo en los mercados, habrá muchas personas que ante la incertidumbre se contagian de este nerviosismo y prefieren vender.

Al haber más compradores que vendedores, los precios tienden a bajar. Cuando hay confianza y optimismo, se busca comprar y los precios de las acciones tienden a subir.

En ambos momentos, siempre somos dueños de esas acciones, de esos pedacitos de empresa. Ese nerviosismo no debería afectarnos y, en realidad, no perdemos dinero a menos que vendamos en los peores momentos, a un precio inferior al que compramos esa acción.

Claro, a veces se justifica vender con pérdida (deshacerse de un papel cuando una empresa está en graves problemas y cerca de la quiebra o bien, cuando las razones por las cuales compramos esa acción desaparecen ante un nuevo entorno económico) pero, en general, en un horizonte de largo plazo, el valor de las empresas (y por lo tanto de sus acciones) tiende a subir.

Particularmente, en el largo plazo (10 a 15 años o más), casi todos los índices bursátiles en el mundo han generado rendimientos mucho mayores que cualquier otra alternativa de inversión financiera.

Por eso, invertir en un fondo indizado (que replique la composición del índice de la Bolsa) suele ser una buena opción, aunque también es posible hacerlo en fondos de inversión no indizados pero sí bien manejados.

Paradójicamente, por lo tanto, el verdadero riesgo para personas que invierten a largo plazo puede ser no estar en la Bolsa, porque es la única forma de lograr que su dinero verdaderamente crezca varios puntos por arriba de la inflación.

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