Casi todos hemos tratado alguna vez de ahorrar sin éxito. De hecho, de alguna manera, para muchas personas, el tratar se seguir un plan de ahorro o un presupuesto familiar es casi tan difícil como intentar una dieta: casi imposibles de seguir al pie de la letra.

Al principio todo parece que va bien, pero tarde o temprano terminamos por romper las reglas que nosotros mismos tratamos de imponernos.

La razón por la cual se nos dificulta tanto el ahorro es un tema muy complejo, para el cual hay muchos argumentos y teorías. Una de las más importantes, sin duda alguna, es que el manejo de nuestro dinero, como el de nuestra alimentación, es un hábito: una conducta muy arraigada en el subconsciente, que llevamos a cabo de forma automática.

Y cambiar un hábito es una de las cosas más difíciles de este mundo. La razón es porque tendemos, de manera natural, a hacerlo de afuera hacia adentro. Es decir, tratamos de ir en contra de nuestra conducta arraigada, desde fuera, a través de varias estrategias que terminan por fracasar.

Sin lugar a dudas, modificar un hábito requiere mucho más que eso. Para hacerlo, necesitamos cambiar nuestro enfoque y tratar de hacerlo de adentro hacia fuera. Es decir, hacer una introspección (ver dentro de nosotros mismos) y tratar de modificar esa conducta de raíz.

En el caso concreto del ahorro, esa introspección no es más que determinar nuestros sueños, esas metas y objetivos para los cuales queremos ahorrar. Si no tenemos razones para ahorrar, en las que creamos profundamente, difícilmente podremos convencernos a nosotros mismos de que tenemos que cambiar nuestra conducta. Difícilmente podremos ahorrar. No tendríamos motivación alguna para hacerlo.

Es precisamente por eso que la planeación financiera personal es tan importante, y la razón por la cual le hemos dedicado infinidad de columnas a ese tema.

Pagarnos a nosotros mismos

Un sistema de ahorro que nos relaciona íntimamente con nuestras metas es el que seconoce como pagarnos primero a nosotros mismos . Este sistema nos permite ahorrar el dinero antes de gastarlo en otras cosas, lo que nos facilita enormemente el camino hacia la consecución de nuestros objetivos.

El proceso es muy sencillo. Cada mes tenemos una serie de facturas importantes que pagar: la renta o hipoteca, mantenimiento, gas, teléfono, luz, agua, etcétera. Todas estas cuentas, de alguna forma u otra, tenemos que liquidarlas puntualmente, ya que amparan parte de las necesidades básicas que tenemos.

Pues bien, una vez que hemos determinado nuestras metas y objetivos, y las hemos cuantificado, podemos saber qué cantidad mensual debemos ahorrar para alcanzarlas.

El secreto de este sistema consiste en considerar esa cantidad mensual para ahorrar como una necesidad básica, como la más importante de las facturas que tenemos que liquidar en el mes, y pagárnosla a nosotros mismos tan pronto como recibamos nuestro primer ingreso mensual.

Adiós al esquema tradicional de presupuestar

Esto implica olvidarnos del esquema tradicional de presupuestar, que consistía en anotar por un lado nuestros ingresos y por otro, nuestros gastos.

La diferencia entre ambos conceptos era lo que buscábamos (y no lográbamos) ahorrar. Ahora, al considerar el ahorro como un gasto, la factura más importante, la primera que debemos pagar, lograremos hacerlo.

Es cierto que al final la diferencia entre ingreso y gasto será menor, pero ese dinero sobrante será una recompensa a nuestros esfuerzos.

En nuestra próxima entrega daremos una serie de consejos que nos facilitarán mucho el hábito del ahorro.

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