En México, la tasa de participación laboral femenina alcanza 45% y el modelo tradicional de familia ha cambiado notoriamente, ya que más de la cuarta parte de los hogares mexicanos cuenta con una mujer a la cabeza, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Por ello, es importante entregar igualdad de derechos y oportunidades a las mujeres, ya que no sólo tienen las mismas capacidades que los hombres, sino que también asumen con mayor protagonismo ambos roles, el de trabajadoras y jefas de hogar.

El desafío es lograr que las empresas creen incentivos y planes de beneficios que les permitan a las mujeres conciliar familia y trabajo y ser capaces de rendir en ambas tareas como se les exige. Además, estudios demuestran lo importante y estratégico que es para las organizaciones contar con diversidad entre sus integrantes, ya que cada uno cuenta con sus habilidades y competencias, lo que permite que las empresas tengan mejores resultados en todas las áreas.

Margarita Chico, directora general de Trabajando.com México, agrega: Las mujeres que también son jefas de hogar, por lo general, son personas muy responsables y comprometidas con su trabajo, ya que necesitan de él para mantener su familia. Además, son más productivas y eficientes, porque no quieren perder el tiempo, ya que eso se traduce en extender su jornada y, por ende, llegar más tarde a su hogar .

La conciliación entre vida familiar y vida laboral constituye uno de los mayores retos de nuestro tiempo y es un requisito fundamental para avanzar en pro de una sociedad más justa e igualitaria.

TENDENCIAS LABORALES

Según un informe de la OIT, 53% de las mujeres de América Latina y el Caribe está incorporado al mercado del trabajo, una proporción que llega hasta 70% para las mujeres entre 20 y 40 años, algo que sin duda ha tenido efectos importantes en la generación de riqueza de los países, el bienestar de los hogares y la disminución de la pobreza.

La incorporación de las mujeres ha puesto al descubierto la existencia de una rigidez en los papeles de género, una desvalorización de las labores domésticas y la percepción de que ellas deben asumir el cuidado familiar y del hogar, lo cual las obliga a realizar al mismo tiempo trabajo remunerado y no-remunerado, lo que significa una doble carga.