Hace algunos días una persona me dijo que invertir en fondos de inversión era más conveniente que una administradora de fondos para el retiro (afore), porque éstos no cobraban comisiones. Le dije que estaba completamente equivocada: los fondos cobran comisiones de administración que por lo general son mucho más elevadas que las manejadas por las afores y se lo demostré, con el prospecto de información y el documento clave de dos de los fondos que ella manejaba.

Se sorprendió muchísimo. No se había dado cuenta, porque a diferencia de las afores, que están obligadas a desglosar la comisión dentro del estado de cuenta que nos envían cada cuatro meses, los fondos de inversión no la muestran de manera tan transparente. Simplemente está ya descontada implícita en el rendimiento que recibimos.

Por esa razón, si uno se da cuenta, desde hace varios años los fondos de deuda han dejado de ser una opción para invertir nuestro dinero, precisamente porque cobran una comisión que es sumamente elevada si la comparamos con las tasas de interés del mercado. No culpo a las operadoras: en el mercado mexicano no hay la masa crítica que les permita reducirla de manera significativa (aunque sí hay margen hacia abajo).

El problema de los fondos ?de inversión

¿Por qué digo esto? Como todos sabemos, las tasas de interés de corto y mediano plazo están alrededor de 3% anual. Por otro lado, muchos fondos de deuda de corto y mediano plazo cobran comisiones de entre 1.2 y 1.7% anual. ¡Más de la mitad del rendimiento que genera esa inversión! No hay valor añadido para el inversionista por eso para invertir en deuda es mejor hacerlo a través de Cetesdirecto o vía los ETF.

Tenemos que entender que el costo que pagamos por invertir impacta directamente en nuestro rendimiento. Y aunque pueda parecer un porcentaje muy bajo, ese impacto a largo plazo puede ser muy significativo.

No quiero entrar en demasiados números, pero para darnos una idea, si invertimos 100,000 pesos a 6% anual, en 20 años tendremos 302,500 pesos. Pero si esa inversión está sujeta a un costo de 1% anual, nuestro saldo final será de 252,700 pesos, es decir 16% menos de lo que se logró acumular en todo este tiempo. La diferencia es considerable.

Por eso hoy más que nunca es fundamental cuidar el costo de nuestras inversiones; buscar hacerlo de la manera más eficiente posible y para ello tenemos que ser inteligentes y conocer, siempre, el costo asociado a cada producto financiero que estamos considerando.

¿Cómo hacerlo?

En ocasiones es fácil saberlo. Los bancos publican sus comisiones por sus servicios. Las casas de Bolsa y las afores hacen lo mismo. En otros productos las autoridades mexicanas han hecho esfuerzos para que se pueda consultar siempre esta información y usted tenga claro cuánto ganará al final de su meta.

Desafortunadamente, los fondos de inversión lo publican pero sólo en los documentos clave o en los prospectos de información. Además, tienen distintas series, cada una con sus propios costos asociados que pueden variar significativamente. Esos documentos, aunque están disponibles, hay que buscarlos en las páginas de Internet de las operadoras, tarea que resulta al final un tanto abrumadora. Ojalá se les obligara a publicar sus comisiones de manera más visible para que los inversionistas pudieran conocerlos de una manera mucho más sencilla.

Los seguros, otro problema

Hay otros sectores, sin embargo, en donde todavía queda mucho más por hacer. En el sector seguros, donde muchos planes combinan protección con componentes de ahorro e inversión, los costos asociados no son transparentes. Tal es el caso de las aseguradoras, que ofrecen a sus clientes la posibilidad de invertir su dinero en una canasta de portafolios o fondos, los cuales no se deben confundir con fondos de inversión porque su naturaleza es completamente distinta.

Son fondos de administración, que pasan a formar parte de las reservas técnicas de la aseguradora, la cual obviamente tiene gastos de operación. Estos gastos los paga el cliente, obviamente, pero no quedan desglosados en ninguna parte de la póliza. Forman parte de la nota técnica del producto, pero ésta no es pública y la gente no la puede conocer o consultar, lo que deja al cliente sin saber cuánto invertir de esta manera.

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