La semana pasada hablamos sobre la importancia de hacer un recuento anual de cómo nos fue en nuestras finanzas personales, ya que esto nos da la oportunidad de saber qué hicimos bien y qué es lo que tenemos que corregir.

Ahora bien, hacer un diagnóstico una vez al año en realidad no sirve de mucho. Por el contrario, tendríamos que tener un seguimiento cercano de nuestra propia situación y de cómo vamos caminando hacia las metas que nos hemos planteado. Por ejemplo: si tenemos como objetivo reducir nuestras deudas, durante el año tenemos que ver si lo estamos logrando o no.

Eso significa que tenemos que tener herramientas para hacer un diagnóstico. Por ejemplo, tomar de manera periódica una fotografía de nuestra situación financiera en un momento dado, para entonces poder hacer comparativos. Ver cómo va evolucionando.

¿Cómo están mis finanzas personales hoy?

Tomar esta fotografía -como la hemos llamado- es muy fácil y rápido. Sobre todo si tenemos acceso a ver los saldos de todas nuestras cuentas vía Internet o por teléfono. Simplemente hay que listar todas nuestras cuentas -de cheques, tarjetas de crédito, deudas, inversiones- y anotar el saldo al día de hoy. Así de sencillo.

Una vez que hemos hecho eso, hay que ordenar esa información para que tenga sentido, es decir, poner en un lado todo lo que tenemos y en el otro todo lo que debemos, esto es, poner las cosas en una balanza, a lo que se le conoce como nuestro balance personal.

Hay que tomar en cuenta que dentro de lo que tenemos, debemos listar también el valor de nuestra casa. Si no lo tenemos actualizado, simplemente tomemos un periódico y veamos en cuánto se están vendiendo inmuebles similares en la zona. Lo mismo con nuestros automóviles, aunque desde mi punto de vista sólo vale la pena incluirlos si los estamos pagando (si hay un crédito automotriz asociado). De otra manera, ponerlos puede causar más distracciones que otra cosa, sobre todo si tomamos en cuenta que el propósito de este ejercicio es ver cómo va evolucionando nuestra situación financiera: si está mejorando o empeorando.

De esta forma, pondremos de un lado nuestros activos -lo que tenemos- ordenados por el plazo. Primero, las cuentas de cheques o de ahorro, esto es, el dinero con el que podríamos contar de manera inmediata sin mayor problema. Luego, las inversiones de mediano y largo plazo, aunque sean fáciles de liquidar, pues se trata de dinero que en realidad no quisiéramos tocar, en este rubro entra el ahorro para el retiro. Finalmente, los activos físicos, como el valor de la casa y de los automóviles.

Del otro lado pondremos nuestros pasivos, es decir, lo que debemos. También ordenados por el plazo: primero, tarjetas de crédito y otros préstamos revolventes o a corto plazo, como los de nómina; luego los del automóvil y al final, el crédito hipotecario.

La diferencia entre el valor de nuestros activos (lo que tenemos) y nuestros pasivos (lo que debemos) es precisamente el valor de nuestro patrimonio. Mucha gente se va de espaldas al darse cuenta de que su patrimonio es negativo. Éstas son las personas que todo lo deben y no tienen ahorros.

Hay muchas conclusiones que se pueden sacar nada más de observar la fotografía, por ejemplo, darnos cuenta de qué tan endeudados estamos y qué porcentaje de nuestras deudas puede ser cubierto con el dinero que tenemos en nuestras cuentas de cheques, ahorros e inversiones (sin contar la casa).

Pero lo más importante de este ejercicio es hacerlo de manera periódica, si una vez al mes nos parece exagerado, por lo menos hay que hacerlo una vez cada tres meses, lo cual nos permitirá comparar y ver cómo crecen nuestros activos, cómo se reducen nuestros pasivos y cómo se incrementa mes a mes nuestro patrimonio. Y en caso contrario, tomar las medidas necesarias para enderezar el camino.

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