Ésta es una historia personal que quiero compartir con todos mis lectores, ya que me enseñó mucho y, de alguna manera, fue el punto de partida en mi camino hacia la educación financiera personal.

Cuando cumplí 18 años, mi abuela (que en paz descanse) me abrió, como regalo de cumpleaños, una cuenta maestra en un banco con la cantidad de 2,000 pesos.

En aquel tiempo los bancos se acababan de privatizar de nuevo y las inversiones bancarias todavía pagaban tasas muy cercanas a los Cetes a 28 días -indicador que yo ya seguía desde ese entonces porque me interesaban las finanzas.

Ese dinero lo guardé –lo mantenía en una inversión ligada a la cuenta para que me generara intereses (que eran competitivos y por lo menos protegían el poder adquisitivo de ese dinero, no como ahora).

Además, seguía ahorrando un poquito de lo que mis padres me daban para mis gastos personales como estudiante universitario. A los 21 años ya contaba con más de 5,000 pesos, nada mal considerando que no recibía más ingresos que esos.

A esa edad, decidí formar una familia (aún estudiaba en la universidad). Empecé a trabajar y desde ese momento mi esposa y yo buscamos ahorrar casi todo lo que ganábamos para pagar el nacimiento de nuestro bebé. Lo logramos y ese éxito (alcanzar un objetivo tan importante para nosotros) me motivó a ir aprendiendo cada día más acerca de finanzas personales y del manejo de nuestro dinero. Y a seguir ahorrando.

A los 22 años ya había leído bastante acerca de estos temas a través de distintas fuentes. Por ejemplo, en la biblioteca de la universidad encontraba libros interesantes. El primero que leí fue A Random Walk Down Wall Street de Burton G. Malkiel (todo un clásico), seguido de Inversión en la globalización de Timothy Herman. También buscaba información en Internet: todavía tengo una buena colección de guías en formato PDF que he bajado de distintos sitios en México y sobre todo en Estados Unidos.

También leía la sección de finanzas personales en El Economista, este diario que es ahora mi casa. Era prácticamente el único medio que tenía un espacio dedicado al tema y siempre me pareció que agregaba mucho valor (a mí me gustaba mucho). Es curioso cómo se van dando las cosas en la vida, pero poco tiempo después tuve la oportunidad de comenzar a escribir en este espacio. Comencé mi columna Patrimonio cuando tenía tan sólo 23 años y aún estudiaba en la universidad. Muchas cosas han pasado desde entonces, pero me siento muy orgulloso de seguir colaborando en este medio, casi 15 años después.

Ahora, en muchos otros lugares, se habla de finanzas personales y eso es extraordinario, pero antes no era así: sólo unos cuantos tratando de poner nuestro granito de arena en la sociedad.

En fin, a esa edad fue cuando comencé a buscar otras alternativas, porque las tasas de interés bancarias comenzaron a bajar de manera paulatina a niveles inferiores que la inflación. Esto significaba que mi dinero estaba perdiendo poder adquisitivo en el banco. El Economista ya tenía en ese entonces un excelente suplemento de Fondos de Inversión, que también se ha ido enriqueciendo con el tiempo. Dado que era prácticamente la única alternativa que existía para una persona que tenía poco dinero ahorrado, decidí investigar más acerca de ellos.

Recuerdo que tomé un día de vacaciones sólo para acudir a diferentes operadoras de fondos de inversión y casas de bolsa en busca de alguna que aceptara mi poco capital de inicio. No había muchas opciones (casi todas me pedían montos a los cuales yo no tenía acceso). Pero encontré dos instituciones que aceptaban el monto de inversión que tenía y abrí una cuenta en cada una de ellas. Ambas ya no existen como tal: fueron absorbidas por otra empresa que empezó después, pero supo hacer mejor las cosas.

De esta forma, cuando recibía mi salario, inmediatamente depositaba todo en mi fondo de liquidez diaria y de ahí me iba administrando. Y obviamente destinaba una parte de mi dinero al fondo que tenía liquidez mensual (a manera de ahorro). Además, aunque mi esposa tenía cierto temor, decidimos destinar un poquitito de nuestro ahorro mensual hacia la renta variable, con un horizonte de largo plazo.

Esto me motivó a leer más acerca de inversiones. Así empecé a construir un camino que me ha permitido aprender de mis propios errores y, hoy en día, orientar a otras personas.

Te invito a que me envíes tus preguntas, dudas y comentarios a través de mi página en Internet: www.planeatusfinanzas.com