Durante un partido de futbol, especialmente en el mundial, millones de personas se convierten en directores técnicos de futbol y expresan sus estrategias, opiniones y virtuales acciones a tomar de acuerdo con el desarrollo del juego. Incluso antes del partido, los más conocedores proponen una alineación, una táctica y una formación de cara al rival con la idea de obtener el mayor provecho de las capacidades de sus jugadores y evidenciar las debilidades del contrario.

Sin embargo, a lo largo del encuentro se da una serie de circunstancias y factores impredecibles: una expulsión, un gol muy rápido a favor o en contra, una lesión, una intensa lluvia, etcétera. Por otra parte, se consideran situaciones que sabemos con toda certeza que sucederán, como tiros de esquina y faltas.

Pues bien, el director técnico de un equipo tiene que ir resolviendo con los recursos disponibles todas estas situaciones con la finalidad de lograr un resultado positivo al término del juego. El técnico debe adaptar las estrategias y hacer los cambios adecuados en el momento adecuado; leer al adversario e intentar anular los riesgos que representa, así como aprovechar las oportunidades que se generen.

Bajo esta perspectiva, dirigir en el futbol se asemeja a la gestión de inversiones financieras. Donde el inversionista es el dueño del equipo; el técnico es el banquero o asesor financiero; los jugadores son los recursos o activos que tenemos disponibles para invertir y el equipo contrario, el árbitro y el clima interpretarán el papel del mercado.

Cuando trazamos la estrategia financiera con nuestro asesor lo hacemos con el fin de lograr un objetivo a un determinado plazo y aparentemente todo está tan claro como cuando se define una alineación y una formación antes de un partido. Tenemos un objetivo, una expectativa del mercado y una serie de instrumentos y activos que nos darán el resultado que buscamos.

Evidentemente cuando el juego comienza, el mercado nos da satisfacciones y dolores de cabeza, oportunidades de anotar y errores que nos cuestan, y al igual que el director técnico tenemos que ajustar la estrategia en función de las nuevas circunstancias, por ejemplo: cambiar jugadores (activos); la formación (ponderaciones de las diferentes zonas geográficas); la táctica fija (instrumentos con una estrategia muy especializada como los estructurados); la defensa (bienes raíces, seguros y activos con protección); el ataque (inversiones que generen crecimiento, como la renta variable), y el contragolpe (vehículos especializados como fondos de inversión con gestión activa).

Lo importante es contar con una diversificación adecuada que nos permita ajustar los recursos para manejar el partido, en este caso el mercado y sus imponderables, tanto a favor como en contra. El otro pilar de esta analogía es respetar la estrategia del portafolio acorde al perfil del cliente y al objetivo y plazo de inversión que se planteó originalmente.

Como dicen en el futbol: se puede ganar o perder un partido, pero siempre se debe respetar la filosofía y estilo de juego que a largo plazo es lo que nos hará ganar campeonatos.

El autor es VP Internal Networks BP & P en BBVA Bancomer.