Como mencioné en mi artículo anterior, la cuesta de enero es para muchos la resaca de fin de año, que viene después de una gran fiesta de compras navideñas. Comienzan a llegar los estados de cuenta de las tarjetas de crédito, y con ello, un duro golpe de realidad que tenemos que enfrentar.

¿Cómo hacerlo?

El primer paso, sin duda, es saber dónde estamos parados, es decir, conocer la magnitud de los daños. Esto no es fácil, como tampoco lo es enfrentarse a la báscula para descubrir cuántos kilos subimos después de estas fiestas (sospechamos que son muchos, pero no queremos ver que son más de lo que pensamos). Lo mismo sucede con nuestro dinero.

Pero saber la magnitud del problema es el primer paso para atacarlo. Ningún plan nos será efectivo si no sabemos exactamente a qué nos estamos enfrentando.

Necesitamos saber ?lo siguiente:

El monto total de lo que tenemos: nuestros ahorros y nuestras inversiones y nuestros bienes valiosos (aquellos que se pueden vender, como una casa, un automóvil, colecciones u obras de arte).

El monto total de lo que debemos: tarjetas de crédito, préstamos de corto plazo y crédito hipotecario.

Calcular el pago mínimo de todas nuestras deudas, cuidando que esto incluya la mensualidad de los meses sin intereses.

Ordenar esas deudas desde la más cara hasta la más barata (la tasa de interés está en el estado de cuenta).

Nuestro ingreso mensual neto.

Con esa información, podemos empezar a diseñar nuestro plan de acción.

Lo primero es:

Hacer un presupuesto en el cual incluyamos, en primer lugar, el monto del pago mínimo de todas nuestras deudas. Lo que sobre es lo que tenemos para otras cosas: nuestro gasto corriente y también para buscar hacer pagos adicionales a nuestras deudas, para salir de ellas lo más rápido posible.

Recordemos que la única forma de salir de deudas es tratar de destinar lo más posible para pagarlas, pero de una forma ordenada. Tenemos que pagar el mínimo en todas, para no atrasarnos y no hacer más grande el problema, con cargos e intereses moratorios. Pero cualquier dinero adicional que podamos tener para pagar deudas lo debemos destinar a una sola: ya sea la más cara (recomendado), o bien, la que tenga el saldo menor, para deshacernos de ella lo antes posible (es mejor opción si estamos demasiado apretados).

Claro: hay otras estrategias como la consolidación de deudas, o bien, pedir un préstamo a algún familiar o en nuestro trabajo, que sea mucho más barato que la tasa que cobran las tarjetas de crédito. Es una alternativa, aunque debemos cuidar no endeudarnos de más. Si no tenemos la disciplina, mejor ni lo intentemos, porque puede salir peor el remedio que la enfermedad.

Si de plano no podemos pagar ni siquiera el mínimo en todas nuestras deudas, estamos en graves problemas. En ese caso, tenemos que considerar seriamente vender alguno de nuestros activos, como por ejemplo, nuestro automóvil. Es una decisión drástica pero en muchos casos es la única manera de salir airosos, ya que seguramente eso nos ayudará a pagar todo (o buena parte de nuestros créditos más caros) y con ello liberar buena parte de nuestro flujo de efectivo para enfrentar el resto.

Cuando hemos logrado nuestra meta, debemos tomar en cuenta esta experiencia como la mejor motivación para no volver a caer en situaciones similares. No hay nada peor que tropezar de nuevo con la misma piedra. Al terminar, podemos comenzar a planear el próximo fin de año (ahorrando el monto que antes usábamos para pagar deudas) de forma que no caigamos de nuevo en una situación tan complicada.

*Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com - el lugar para hablar y reflexionar sobre Finanzas Personales.Twitter: @planea_finanzas

[email protected]