En los últimos años, las entidades federativas del país han marcado ya una tendencia en el mercado laboral, particularmente en materia de desempleo. En los primeros meses de este 2019, Tabasco y Ciudad de México, dos economías con vocaciones distintas, son los territorios con los mayores índices de desocupación a nivel nacional.

En el otro extremo, los estados de la región sur-sureste ostentan el indicador de desempleo más bajo, aunque también registran una elevada informalidad.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), al cierre de abril del año en curso, la mayor tasa de desocupación en México se mostró en Tabasco, con 7.55% de la Población Económicamente Activa (PEA) que no laboró siquiera una hora durante la semana de referencia de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, pero manifestó su disposición para hacerlo e hizo alguna actividad por obtener trabajo.

A partir de diciembre del 2014, el estado tabasqueño se ubica en el primer lugar nacional de desocupación, debido a los efectos que trajo consigo la crisis del sector petrolero, que empezó a mediados de dicho año, y de la cual no se ha podido recuperar.

En este sentido, la minería petrolera contribuye con 52.4% del Producto Interno Bruto (PIB) de la entidad. Por ende, es más sensible al comportamiento de la industria de hidrocarburos. La historia de zozobra económica comenzó a mediados del 2014, cuando el precio de la mezcla mexicana emprendió su declive. El 20 de junio de dicho año la cotización alcanzó 102.41 dólares por barril, y llegó a 18.90 el 20 de enero del 2016, su nivel más bajo, exhibiendo una pérdida de 81.5% entre estos puntos.

La recuperación de la mezcla inició en el primer mes del 2016, momento en que tocó mínimos históricos. El precio promedio del primer cuatrimestre del 2019 fue de 57.93 dólares por barril, 30.6% más que en igual periodo del 2017. No obstante, aún está por debajo del registro del 2014, de 92.47 dólares.

Por su parte, la producción de petróleo crudo en el país mantuvo una media de 2.55 millones de barriles al día entre el 2010 y el 2013; al año siguiente emprendió una dirección descendente. En abril de este 2019, la producción pasó a 1.69 millones.

Estos factores inciden directamente en aquellas entidades que dependen de este sector, como Tabasco, ya que el descenso en inversiones de la industria provocó que el desempleo aumentara. Destaca que Campeche es más dependiente de la minería petrolera (79.7% de su PIB), aunque las estrategias del gobierno estatal para diversificar su economía ya muestran resultados positivos.

Por su parte, la administración de Tabasco, a pesar de que la economía se ubica en fase recesiva —según cifras del Inegi, ésta cayó 10.6% a tasa anual en el periodo octubre-diciembre del 2018, resultado que significó la disminución más pronunciada desde que se tiene registro (2003), e hiló 15 trimestres con variaciones negativas—, apuesta por la industria de los hidrocarburos para detonar su desarrollo económico, principalmente por el proyecto de la refinería de Dos Bocas.

La economía más grande

Ciudad de México, la economía más grande en el país, con 17.5% del PIB nacional, cuyas actividades se sustentan en comercio y servicios, al cierre de abril de este año fue la segunda entidad con el mayor nivel de desocupación, de 4.79% de la PEA. Desde noviembre del 2018, la capital ocupa esta segunda plaza, detrás de Tabasco.

Es importante recordar que en los primeros meses del 2019 la Ciudad de México exhibió su peor resultado en generación de empleos formales desde el 2009, año de la crisis económica y financiera.

Con información de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, se observa que en el primer cuatrimestre del año la capital creó 20,202 trabajos asegurados en el Instituto Mexicano del Seguro Social, el umbral más bajo desde igual lapso del 2009, cuando se perdieron 33,950 plazas.

Los principales factores de esta merma laboral se deben a la desaceleración económica mundial, detrimento de la inversión privada, falta de recursos federales, incremento de la violencia, la suspensión de obras por irregularidades de acuerdo con el Reglamento de Construcción de la Ciudad de México e incluso a una política de austeridad por parte del gobierno local.

Los de abajo

En el otro extremo, las entidades con la menor tasa de desocupación a abril fueron Yucatán (1.80% de la PEA), Guerrero (1.61%) y Oaxaca (1.48 por ciento).

Una primera lectura diría que estos estados avanzan en el sector de trabajo, aunque la realidad es distinta. Oaxaca y Guerrero son los territorios con mayor informalidad laboral en el país, con tasas de 81.58 y 79.22% de sus ocupados en esta situación, respectivamente.

En el caso de Yucatán, con una informalidad de 62.57% —lugar 12 nacional—, su bajo desempleo provino de la llegada de más inversiones —por ende, mayor generación de puestos formales—, detonación del turismo y diversificación económica.

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